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3:06 a. m.

De cómo llegué hasta aquí

Esta noche estuve intentando por más de una hora quedarme dormida, pero el sueño no quiso llegar. Lo intenté todo, contar ovejas, meditar, respirar, rezar, no abrir los ojos, no pensar, pero todo falló. Fué así que decidí que si no iba a dormir, pues mejor sería hacer algo productivo, y muy animada decidí trabajar un poco, para adelantar unas cosas urgentes que tengo que entregar mañana.

Me instalé cómodamente, prendí mi computador y pensé que qué bueno sería leer un poco acerca de las técnicas de valoración de portafolios, en caso que me hicieran una entrevista, digamos esta semana. Encontré un e-book entre mis cosasy ahí estuve un rato, pero como muchos de los términos que leía hablaban de balances y vainas financieras, recordé que tenía que adelantar el trabajo, así que abrí el archivo del documento en el que estaba trabajando y me puse en ello. Me prometí que no iba a entrar a internet, porque iba de verdad a trabajar, pero como necesitaba buscar unos aspectos regulatorios de Bolivia, pues decidí que qué mejor momento que ahora para encontrarlos (no dejar para mañana lo que puedo hacer hoy). Así fue como llegué a internet.
Mi Internet Explorer abre 2 ventanas al iniciarlo, google y gmail. Fui a la de google y busqué la página de la superintendencia financiera de Bolivia, que siempre se demora mucho en abrir, así que decidí que mientras abría la página de la ASFI, iba a ver si tenía algún correo nuevo en mi gmail. Como eran las 3 de la mañana no esperaba encontrar nada, pero para mi entretenimiento (mientras abría la página de Bolivia), encontré un e-mail avisándome que tenía un comentario en mi página más popular, (que como dice "cucos" es atacada fervientemente por spam). Decidí no aceptarlo, pero al hacerlo, me llevo al link de mi blog, y me dio nostalgia del mismo, así que decidí entrar a visitarlo y darle amor, porque hace mucho tiempo que no le visitaba.


Una vez allí, pasé a visitar a los amigos, porque tampoco los visitaba hace mucho. Primero fui a ver a
H.G y luego a Filipogs, quienes siempre me alegran gratamente con sus escritos (o me entristecen, o me ponen filosófica, ellos tienen esa habilidad), y fue ahí cuando pensé lo abandonado que tenía mi blog. Pensé que eso no podía seguir así, y que qué mejor momento que éste para escribir un nuevo post. Ahí decidí abrir una nueva entrada para mi blog, sin nada concreto en la mente todavía, sólo con el deseo pero aún sin la inspiración, cuando recordé que mi prima recién supo que está embarazada. Como la había visto yo muy primípara quería conseguirle un libro sobre el embarazo para que afianzara sus conocimientos maternales y pensé que qué mejor momento para buscarlo que ahora, ya que si lo dejaba para mañana, de fijo se me olvidaba.

Fue así como terminé en Amazon, donde encontré dos libros, uno escrito por una gringa, y uno por una latina. Como no sabía cuál era mejor, tuve que buscar algunos reviews on-line para ver cuál sería más adecuado. Pasé varios minutos leyendo unos y otros, visitando la página web de la gringa, leyendo sobre la maluquera mañanera y cómo las mujeres embarazadas odiaban la comida porque desarrollan mucho su olfato, lo que me hizo pensar que si por eso fuera yo tendría que tener el preñi-switch encendido todos los días de mi vida, (aunque como dice mi novio, eso y mi cadera ensanchada es sólo la naturaleza diciéndome que ya estoy lista para la maternidad).

Pensar en comida me hizo recordar que esta semana he quedado con unas amigas para preparar unas milhojas (mi respuesta para lo del ensanchamiento de las caderas), así que tuve que ir a "mis favoritos" a buscar la receta de las milhojas. El problema con "mis favoritos", es que mis intereses son tan innumerables y diversos, que guardo cuanta pendejada se me cruza por la pantalla (para re-leerla después), y a la hora de buscar algo tengo que pasar por 200 páginas antes de encontrar lo que necesito, (haría bien en organizar mis favoritos por temas, a todas estas). Pensé que lo mejor era dejar lo de las milhojas para mañana, así organizaba de una vez mis favoritos, porque uno tiene que ser consciente de que no puede hacer todo al mismo tiempo y que cierta planificación es buena.

Empecé a minimizar ventanas (no podía sólo cerrarlas porque me quedaron algunas cosas pendientes), ya que ya va siendo hora de forzarme el sueño de nuevo y de apagar, pero me acordé de la página de la ASFI (la boliviana), busqué la norma de liquidez que necesitaba, pero lo que encontré fue un archivo en PDF con todas las leyes desde el 2000. Lo guardé en mi escritorio para verlo luego con más calma. Pensé que las 3 am era tan buena hora como cualquier otra para irse a dormir, pero recordé que aún no había escrito mi nuevo post así que para no darle más largas, regresé y fue así como llegué aquí.

6:00 a. m.

LA EDAD DE LA INOCENCIA

Cuando era pequeña, el miércoles de ceniza era un día muy importante para mí. No porque con él se daba inicio a la cuaresma, una celebración católica muy importante, sino porque tenía para mis amigos y para mí, una connotación social-infantil tácita, muy importante. El miércoles de ceniza durante los primeros años en el colegio, era la vara con la que se medía quién era quién en mi infantil medio social.

Se dice que cuando se es niño, se actúa bajo los mandatos de la inocencia, la ingenuidad y la candidez, lo que no aleja al niño de su carácter humano. Así que incluso cuando somos niños sabemos que hay niños que son mejores que otros niños. Cuando se es grande, la cosa es sencilla, la sociedad juzga a través de unos parámetros bien conocidos, tales como cuánto éxito profesional o social se tiene, cuánto dinero se ha amasado, cuán atractivo resulta uno a los demás, cuán carismático, etc., etc., etc.. Cuando se es niño, bajo esos esquemas de inocencia que mencioné anteriormente, los parámetros son bastante diferentes.
Durante mi tierna infancia, la lucha social por saber quién era el mejor se batía en el campo de la religiosidad y de la santidad. Es decir, cuando yo era chiquita, mis compañeros de colegio y yo, competíamos por quién era más santo.

Yo, como producto de un país absolutamente católico, anteriormente consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, (tengo que volver al punto de cómo Colombia se fue pal´ carajo luego de haberse desconsagrado al mismo), me crié en un colegio donde la materia de religión era obligatoria y que para colmo de males, se dictaba todos los lunes. Digo que para colmo de males, porque durante todo el año, Vicente mi profesor de religión, comenzaba la clase del lunes preguntando de qué hablaba el evangelio el día anterior. El que no había ido a la misa, obviamente estaba en desventaja frente al resto de la clase, y era una gran humillación encontrarse en la mira del profesor el día que justo uno no había ido a misa.  Las mirada decepcionada de Vicente, ante el vergonzoso y sonrojado “Ayer no pude ir a misa”, era desgarradora.

Yo me acuerdo que no faltaba el lambón que se traía el volante que reparten en la misa con los salmos del día, que demostraba su efectiva asistencia a la misma y el recelo con que lo guardaba cuando uno lo pedía prestado para medio enterarse de qué había tratado el evangelio del día anterior. Esa era la época en que uno le rogaba a los papás que lo llevaran a misa, para no sufrir el lunes.

Estas eran las batallas parciales o eliminatorias que librábamos durante el año, pero el culmen de la competencia, el mundialito de nuestras vidas ocurría el miércoles de ceniza. Bueno, en realidad empezaba el miércoles de ceniza y terminaba, en ocasiones, incluso un par de días después. Cuando yo era niña, la prueba de las pruebas que marcaba el nivel de santidad en mi círculo social, era la santa cruz en ceniza que nos ponían en la frente. Esto era una cosa seria, porque como en las competencias de patinaje en el hielo, cada detalle contaba. Debo aclarar que aunque esta competencia era tácita y nadie se declaraba vencedor, todos sabíamos al final de la semana, quién había ganado.

Las cosas que se calificaban eran a grandes rasgos: 1. La claridad de la cruz: Esto era vital, la cruz debía quedar perfectamente marcada en la frente, si a uno le quedaba un punto amorfo, estaba cagado, era como quedar por fuera de la competencia desde el principio. Sin embargo, no todo estaba perdido. Si el punto amorfo era de larga duración, todavía se podía salvar la situación y coronarse ganador. 2. Nivel de opacidad: El problema con la ceniza es que recién puesta es muy negra, pero al secarse tiende a tornarse grisácea, clara. Si uno lograba tener una cruz nítida y más oscura que la de los demás, era probablemente porque era más santo que los otros y estaba más cerca de coronarse vencedor. 3. Duración: El tema de la duración marcaba la diferencia en la competencia, porque al final del día, esta competencia la ganaba el que tuviera la cruz por más tiempo (fuera nítida o fuera amorfa). Y no estamos hablando de a quién le duraba más durante las clases, estamos hablando de quién lograba conservar por más tiempo la cruz en la frente sin que se le borrara. Si el jueves la cruz seguía intacta, uno era un duro contendor, y el que llegaba hasta el viernes con la misma en la frente… era un berraco, era el consentido de Dios, y el que lograba eso, se ganaba la admiración de los demás.

Vencer en esta prueba no era fácil, había que luchar contra muchas cosas, las mamás, el tipo de piel, la ducha, las ganas de jugar, la almohada, entre otras. Las mamás era el primer obstáculo que había que vencer. Convencerlas de que no le limpiaran a uno la cruz, que esa se tenía que caer sola, era complicado. Claro, ninguna mamá quiere ver a su hijo salir de la casa con un pegote de barro en la frente.

El tipo de piel, otro enemigo de la santidad infantil, también podía jugar en contra. Uno podía tener la fortuna de que le pusieran una cruz clara y nítida, pero si gozaba de piel con tendencia grasosa, o si tenía los poros muy abiertos, o si sufría de extrema sudoración, uno estaba jodido, la cruz tendía a desaparecer hacia la hora del recreo del mismo miércoles, y perdida la cruz, perdida la partida.

A la ducha también había que hacerle el quite. Yo me acuerdo las peripecias que yo hacía para que el agua no me cayera en la cara, porque yo protegía esa cruz a capa y espada. Usaba el gorro de baño de mi mamá, o abría la ducha muy poquito para que no saliera mucha agua y pudiera controlar la caída de la misma. Y durante varios años logré llegar hasta el jueves con mi cruz intacta, una vez creo que incluso el viernes aún tenía vestigios de la misma.

Las ganas de jugar también había que controlarlas. No era raro que durante el miércoles de ceniza no se vieran muchos niños corriendo y sudando por los parques del colegio, y en casa, uno mantenía los movimientos al mínimo, las manos retiradas de la frente y eso también era complicado, porque la ceniza en la cara rasca!!!

Pero al final del día, todo lo valía. El oír a los compañeros el jueves decirle a uno con cierta envidia, “todavía tienes la cruz”, valía todas las peripecias y sacrificios. Ver sus miradas de admiración y aprobación compensaba todas las faltadas a misa del año y hasta excusaba las mismas. Conservar la cruz nos hacía populares.

Es extraño, pero aún sabiendo lo que estaba en juego, yo nunca llegué a hacer trampa y no creo que ninguno nunca la hubiera hecho. Nuestra competencia era limpia, y ganaba sin lugar a dudas el más santo, todos lo aceptábamos y continuábamos rezando y yendo a misa los domingos para hacer más méritos y con suerte coronarnos como los más santos el siguiente año.

3:48 a. m.

EL DIARIO DE MI VECINA

Confieso que me gusta entrometerme en las vidas ajenas. No particularmente las pertenecientes a mis conocidos, sino más bien todo lo contrario, me encanta enterarme de las cosas de las personas que no conozco. Yo soy de ese tipo de persona que en un restaurante oye la conversación de la mesa en la que está y de la mesa de al lado. O en un bus o metro, me entretengo con las conversaciones de los otros pasajeros, pongo atención a lo que habla la gente en la calle, o lo que van hablando por sus celulares, y encuentro un grato placer en mirar a través de las ventanas de las casas o apartamentos cuyas cortinas están abiertas.


Lo anterior me ha traído todo tipo de experiencias, desde la del viejo verde que se dio cuenta que yo lo estaba oyendo y empezó a hablar de todas las proezas sexuales que iba a practicarle a la mujer de su mejor amigo mientras éste estaba de viaje de negocios, para dejarme saber sus habilidades eróticas y ver si me interesaban; hasta la de la señora empelota que caminaba tranquilamente por su apartamento con las cortinas abiertas en un primer piso con quien me topé, mientras echaba una ojeadilla al interior de su casa. Cabe decir, que todas las historias no terminan en vergüenza, hay algunas experiencias que dejan enseñanzas para la vida, como la que esta me dejó.

Un día iba yo saliendo de mi casa cuando me encontré con que mi vecina se estaba mudando. Al regresar, ya la mudanza había acabado, pero en la puerta del edificio yacían abandonados algunos objetos que antes le habían pertenecido a la ex - residente del 401. Como buena observadora social que soy (no chismosa), decidí echar una ojeada a una pila de libros que había allí tirada, (nunca he podido resistirme a un libro huérfano). Los libros no resultaron de mi interés, ya que la del 401 tenía una seria afición por los libros de superación personal, los cuales evito a toda costa, así que los dejé de lado. Ya estaba a punto de irme cuando un destello dorado brilló en el fondo de la caja donde estaban los otros libros, éste también era un libro pero lucía diferente, me acerqué, lo examiné y con una sonrisa de oreja a oreja leí el título del mismo: “Mi diario”.

Cómo volador sin palo subí a mi casa, me acomodé y me dispuse a leer el diario de la vecina del 401 a quien nunca había visto hasta el día de hoy, y cuyos secretos reposaban en mis manos en ese instante. Su diario empezaba así:

“Odio mi vida. Estoy gorda, estoy fea, estoy sola. Coincidencia?”

Era un comienzo atrapante, así que sin perder tiempo seguí con su lectura. Para mi decepción, las siguientes páginas eran una lista de alimentos con sus respectivas calorías, la sumatoria de las mismas y un comentario al final de cada hoja. Confieso que la sonrisa se me borró de la cara, y perdí todo el interés, me di cuenta que estaba en frente de un diario de dieta. Adiós historias jugosas, -pensé-, iba a devolverlo adonde lo encontré, pero como nunca había visto un diario de dieta, decidí echarle un vistazo a ver qué pitos tocaba.

La primera entrada era el 20 de marzo, ese día mi vecina consumió 1375 calorías (en cuatro pendejadas que se comió), corrió por 45 minutos, hizo pesas y sentadillas, compró una báscula y decidió que tenía que pesar la comida antes de ingerirla. También descubrió que beber agua ayudaba, pero no escribió a qué.

Día 2. Consumió 4530 calorías (un poco pronto para perderse en la ansiedad de la dieta), provenientes de cosas que ni siquiera estaban ricas y que no se debió haber comido (según su propio criterio). Este día traía una moraleja: “De ahora en adelante, sólo voy a comer cosas ricas”.

Día 3. Comió 600 calorías sólo al desayuno, luego la cuenta del resto del día fue de 2770, todas provenientes de dulces y postres. Hay una excusa, estaba deprimida y estresada. Moraleja #2 No tiene que morirse de hambre para hacer dieta y Moraleja #3 “Si deja de comer (empezando esta noche), va a perder peso”.

Día 4,5 y 6. Todo lo demás como los anteriores días.

Día 7. Consumió 2570 calorías y se siente mal. No bajó de peso en su primera semana de dieta. Sigue comiendo mucha basura. Moraleja #4 “La próxima semana sólo voy a comer si tengo hambre”.

Día 8. 1545 calorías tan sólo en el desayuno y el almuerzo, reconoce que la cagó. Moraleja #5 “Implementar en serio el sólo comer si tengo hambre y lavarme los dientes”.

Día 9. Hoy no hay cuenta de calorías. Hoy es un resumen de la experiencia. En este día el diario de dieta adopta un carácter filosófico y revolucionario, de corte marxista. Surge una pregunta: ¿A ver, para qué estoy haciendo esto? Es para contar calorías? No, ¿Es para cambiar mis hábitos? Si. Como éste es el meollo del asunto, ella escribe qué hábitos quiere cambiar. El diario de dieta sufre una revolución, cae el sistema de nomenclatura calórica y sube un sistema basado en el ser humano. El nuevo sistema de medición se basa en contar hábitos, no calorías y adquiere una valuación propia, asi: 1= Si la ingesta de alimentos se realizó por otra razón fuera de la de tener hambre, 2=si la misma tenía como propósito terminar el plato que tenía en frente, y 3= si había comido, incluso si no está rico.

Día 10. El nuevo sistema cayó. Se da cuenta que lo importante no es saber si comió cosas ricas o no, sino saber si comió porque tenía hambre o no. Hay que buscar un nuevo plan a seguir. Mientras tanto, va a meditar 2 veces al día acerca de la persona que quiere ser.

Día 11. Comió 12 cosas a cual más calórica que la anterior. Diez de ellos fueron consumidos por hambre, sólo dos de ellas fueron antojos. Mmm…. El consumo de calorías no bajó, pero como ese no era el punto…. Al menos ahora está comiendo todo con hambre.

Abril 12. No ha estado chequeando sus comidas, ni escribiendo en su diario, porque andaba de vacaciones. Está subida de peso. Claro, lo que está fallando es el sistema. Implementa una nueva revolución y un nuevo sistema de medición. Ahora, el sistema va a estar basado en premios por resultados. De ahora en adelante, va a ganar un punto cada vez que coma sólo cuando tiene hambre, no está claro si 1 o 2 puntos cuando pare de comer al llenarse, y 1 punto cuando coma sólo cosas que le gustan. El sistema de premios es así: Cada vez que acumule 30 puntos, se gana un regalo de US$30, etc. Por supuesto, puede acumular puntos… por si se antoja de algo de más de US$30. Hay una salvedad, ella va a hacer lo que esté en sus manos por adelgazar, pero que si no lo logra, era que no estaba en su destino bajar de peso.

Abril 13. Se ganó un punto

Abril 14. Esta noche no cuenta, es “restaurant night”.

Abril 18. Hoy conoció a Ian, es un poeta y le gustan los gatos, a ella le gustan los gatos. Ella quiere un cuerpo como el de Demi Moore en G.I Jane, o el de la actriz de Matrix. El desear eso demuestra su determinación (escribe en letras mayúsculas). Ella no necesita una vida, necesita un cuerpo y lo va a obtener cueste lo que cueste. Ah, y va a arrastrar a Ian con ella. Juntos se van a inscribir en un gimnasio, van a escalar y tomar clases juntos (no dice de qué). Va a atraparlo en sus rutinas de ejercicio y así compartirán cosas juntos.

Abril 19. Salió a montar en bicicleta con Ian, pero su cadena se rompió, probablemente porque anoche la utilizó. Hoy se siente flaca y no tuvo hambre de más en todo el día.

Mayo 10. Mi vecina se explaya en una lista interminable de sueños. Quiere a Ian en su vida, y arco irises, y paseos bajo la lluvia (donde ella es flaca) y otras pendejadas similares.

Mayo 11. Ian tuvo que irse. Nicole y Doris se fueron con él. Perras.

Mayo 17-18: Ben quería matar a Ian. Ben= Malo (La letra parece un poco de borracha, está ilegible e incoherente)

Mayo 26. Lleva varios días sin escribir. Hoy vuelve a retomar este diario como diario de dieta. Ya no le importa su peso, y es consciente de que hay cosas que no puede cambiar. Sin embargo, intentará desde una perspectiva menos enfermiza cambiar sus hábitos alimenticios y eventualmente lograr perder esos kilitos de más que le sobran. Ya no tiene afán, ni ansiedades con respecto hacia ella o su cuerpo. Además ya no está sola, Ian sostiene su mano, y la quiere tal y como es.

Después de esta fecha no hubo más anotaciones. Creo que la dieta fue reemplazada por otra terapia baja-kilos más eficiente, porque el día de su trasteo mi vecina se veía guapísima, y había un tipo con cara de poeta cargando su gato, y ayudándola a mudarse. Me di cuenta también, que el diario de mi vecina no resultó ser otra cosa que uno más de sus libros de superación, tal vez el único que valía la pena leer, porque su enseñanza era infalible: No hay gadejo que un buen po…eta no quite!

1:09 a. m.

USTED FUMA? SÓLO SOCIALMENTE

Me decía mi amiga Rocío esta mañana, que lo mejor que le pudo pasar en la vida era haber cogido el vicio del cigarrillo y que ella nunca lo iba a dejar. Que prefería morirse por fumar, a vivir la aburrida vida que vivían los no-fumadores. Su tesis se basaba en que los mejores momentos de su vida los había pasado al lado de un cigarro, y me llevó a almorzar para probarme su teoría.

Estando en el bar-restaurante donde fuimos a comer, me dijo mi amiga que mirara a mi alrededor. La gente que fumaba siempre estaba hablando, y en la mayoría de los casos riéndose y disfrutando de una buena velada. Las parejas que fumaban se veían más cercanas, a diferencia de los no-fumadores quienes a pesar de ser más saludables, no mostraban tal condición en su actuar. Y era verdad, la gente que estaba fumando, estaba feliz y en la gran mayoría de los casos: acompañada. La gente que no estaba fumando, se quedaba varios minutos sin decir nada, y algunos no retomaban la conversación durante la mitad del almuerzo.

Entre los solitarios que había, estos o estaban en la barra fumando y hablando divertidos con el barman (porque el cigarro crea lazos sociales y acompaña, especialmente cuando se acompaña de un trago), o estaban aburridos en una mesa alejada, leyendo y releyendo el menú o cualquier papel con algo escrito, sacando y metiendo cosas de sus carteras y maletines, y en el mejor de los casos, hablando por celular (ese magnífico invento para evitar sentirse solo en lugares públicos), pero no se les veía felices.

Me dijo además mi amiga que el cigarrillo hacía amigos, creaba camaraderías, estrechaba relaciones, entre otros muchos beneficios y además sostenía que ella “sólo fumaba socialmente” y para mí sorpresa era verdad, puesto que siempre que una la veía fumando, ella nunca estaba sola, y si ella o alguien llegaba solo a fumarse un pucho, rápidamente encontraba amigos con quien poderlo hacer, haciendo de su vicio una razón más para compartir y conocer nueva gente.

Tan importante había sido para ella el fumar, que me aseguró que gracias al cigarrillo había conocido sus mejores amistades y obtenido sus más grandes éxitos. Ha sido “fumándose un pucho” cuando se ha enterado (antes que todos los demás) de todos los chismes y noticias importantes, cuando ha conocido a la gente más influyente en su carrera, cuando ha cocido los mejores planes, planeado las fiestas más exitosas y creado sus alianzas más estratégicas. Me dijo incluso que su último ascenso se gestó a la hora del cigarro. A mi amiga el cigarrillo la ha llevado hasta donde ha llegado. Después del almuerzo, mi amiga se despidió de mí a la entrada del trabajo (puesto que el edificio es un lugar libre de humo) y fue a reunirse con el grupo que allí se encontraba fumando, conformado por un vicepresidente, dos gerentes y dos directores de área, a quienes saludó de beso y quienes sonriendo y bromeando, le regalaron fuego.

Debo confesar que en toda la tarde no he podido concentrarme en otra cosa y admito que envidio la suerte y popularidad de mi amiga. Llegué a la conclusión que yo, no sólo había malgastado años enteros tratando de hacer amigos de la manera que yo pensaba era la convencional, sino que había adicionalmente malgastado muchos años de vida laboral TRABAJANDO, esperando que mi dedicación brindara sus frutos y el reconocimiento profesional que yo esperaba, cuando lo que tenía que haber hecho era tomarme más breaks.

Así que después de mucho analizar, llegué a la conclusión que después de terminar de escribir esto me voy a la tienda, me compro un paquete de cigarrillos y en el break de las 4 me voy con Rocío, con mi jefe y otros compañeros de trabajo a celebrar con un “pucho” sus más recientes ascensos en la organización.

8:34 p. m.

Mi vaso está medio lleno

La gente siempre me dice que yo soy una persona feliz. Y me puse a pensar, y sí, de hecho soy feliz. No me pasan menos cosas “malucas” que a los demás, pero siempre logro sobrepasarlas y ser lo suficientemente feliz. No sé si existe un secreto para ser feliz, pero analizando las razones por las cuales mi espíritu siempre esta contento llegué a la conclusión que las siguientes son las razones que me hacen ser una persona feliz, y las comparto con ustedes, por si a alguno le llegaran a servir:

En primer lugar, yo pienso que ser feliz es una decisión que uno toma o no toma. Así que nunca la felicidad depende de otras personas ni de cosas externas a nosotros mismos. Una vez uno decide ser feliz, son muy pocas las cosas que pueden impedir que uno lo logre exitosamente.

Cuando uno alcanza un punto en el cual puede ser feliz sin ayuda externa, es más fácil hacer que otras personas estén felices al lado de uno. Y nada da más alegría en la vida que la felicidad de las personas que queremos o que se encuentran a nuestro alrededor.

La felicidad no se puede ni se debe posponer. Hay personas que esperan conseguir un mejor trabajo para ser felices, o encontrar un novio o novia, o comprarse una casa o un carro, o, o, o, y no se dan cuenta que la vida se les va pasando y las oportunidades no se repiten, así que si uno decide ser feliz, hay que empezar lo más pronto posible, no sea que cuando uno esté listo, la vida no nos dé tiempo extra.

No hay que rodearse de personas negativas, quejumbrosas o amargadas, porque sea que el cuento de las energías resulte ser verdad o no, el impacto sobre el ánimo se siente, cuando uno está rodeado de ellas.

Siempre hay que sacar lo positivo de todas las situaciones que se nos presentan en la vida, como dije antes, ser feliz depende de cada uno. Para usar una frase de closet “si uno llora por haber perdido la luz del sol, las lágrimas no nos dejarán ver el brillo de las estrellas”. Además, yo soy de las que pienso que todas las cosas que nos pasan en la vida, tiene una razón de ser, incluso las cosas malas o las tristes. Pero esas cosas siempre nos dan grandes lecciones, algunos las vemos y las aprovechamos, otros no las ven y su dolor y/o su pena nunca se va.

Por otro lado, si algo nos ocurre y es inevitable, hay dos caminos, o nos derrumbamos y nos echamos a la pena, o nos levantamos más fuertes y aprendemos de nuestros errores, para nunca volverlos a cometer. Es simple “libre albedrío de primero de primaria”

Una cosa que no falla, es tener siempre a la mano algo que nos brinde alegría. Yo por ejemplo recibo todos los días “el chiste del día” en mi e-mail, aún los chistes más bobos me sacan una sonrisa, así, por lo menos, tengo asegurada una sonrisa cada mañana. También cargo chistes en mi Ipod o en el computador, que pongo para que me entretengan cuando estoy baja de ánimo, y siempre funciona. Otra cosa que siempre me sube el ánimo es leer un papel roído que llevo casi siempre dentro de la cartera, que contiene 50 maneras divertidas de pedir una pizza, o la tan popular “carta de un niño a Santa Clauss”, que me arranca caracajadas cada vez que la leo.

Si ya uno es feliz, o se siente feliz, hay que demostralo, y sonreir. Nada abre más puertas que sonreir, y algo que personalmente me apasiona: reir con ganas, a carcajadas que le hagan a uno tenerse la barriga. No es gratis lo que dicen por ahí que 5 minutos de risa equivalen a 45 minutos de yoga.
Otra cosa que es a prueba de todo es siempre tener palabras bonitas para los demás. Encontrar cosas buenas en los demás y decírselas, es fácil si uno se lo propone. Debo confesar que soy humana y no todas las personas me gustan. En ese caso, a esas personas que no me agradan tanto, simplemente prefiero no tratarlas, yo soy de las que pienso que nunca hay que rodearse de personas que no nos gustan. Ni nos hacen bien, ni les hacemos bien.

En nuestro trato diario con otras personas, lo mejor es tratarlas con humor. No ser un payaso indeseable, pero tomarse la vida con gracia, eso siempre contagia a los demás, incluso a los más introvertidos, gruñones o tímidos.

Por último, la regla de oro, si se puede hablar de una regla de oro, es que todo en la vida es una cuestión de actitud, algo así como lo del vaso lleno o el vaso vacío. Honestamente a mí esto del vaso siempre me ha parecido una bobada, porque me aburren esos libros de superación personal, pero hay que reconocer que algo de cierto hay en esa frase. Lo que para unos es un vaso medio vacío, para una persona con mejor actitud es un vaso con muchas posibilidades de ser llenado, o sea, es una simple cuestión de óptica. Siempre que pienso en esto de la actitud, me acuerdo de la historia de un señor que siempre tenía una buena actitud frente a la vida y era conocido por eso. Un día, unos ladrones se entraron a su negocio y le dispararon. Cuando llegó a la clínica, los doctores que no daban ni cinco por su vida, puesto que venía casi desangrado le preguntaron que si era alérgico a algo, y él respondió sonriente con el último aliento, que sí, que era súper alérgico a las balas, e hizo reír a todos los médicos, consiguiendo con una sola frase que lo trataran con más esmero y dedicación, y lucharan con todos los medios para salvarle la vida. La moraleja de todo esto? Tener una buena actitud es tan importante, que hasta nos puede salvar la vida. Posted by Picasa

11:01 a. m.

Y SI HOY SE ACABARA EL MUNDO?

Para nadie es un secreto que el número de la bestia es el 666, y que todo lo relacionado con este número tiene un contenido satánico. Si esto es así, como lo manifiestan las escrituras(?), o los testigos de Jehová y de la Iglesia de Jesucrito de los Santos de los últimos días, al ser hoy el día 6 del mes 6 del año 6 (del dos mil), este debe ser en realidad el tan anunciado día de “la Bestia”, y no habrá de ser una sorpresa que Satán hoy haga de las suyas.

En todo caso, si hoy se acabara el mundo estaría un poco decepcionada, porque la verdad, se me habrían quedado un par de cosas por hacer, para lo cual necesitaba más tiempo. Por ejemplo, no habría tenido el hijo que hay que tener, y yo quiero tener un hijo que malcriar a mi antojo. No habría escrito el libro que hay que escribir, y yo tengo uno en gestación, que moriría conmigo sin haber visto si quiera la luz. El árbol lo sembré hace años durante la alfabetización o el vigía de la salud, o una de esas cosas del colegio, así que ese flanco ya está cubierto. Pero aparte no habría podido conocer Turquía, y yo no me quiero morir sin conocer Turquía. Por qué Turquía? No sé, pero es un llamado de la carne, perdón del Karma. Tampoco habría conocido el desierto, si muriera sin conocer el desierto mi alma penaría eternamente sobre las ruinas del mundo que una vez fue, en busca de un poco de arena (a todas estas, si se acabara el mundo, a qué lugar irían las almas en pena a penar?). No me alcanzaría a graduar, y no me dolería tanto por lo del grado, sino porque todo lo que he estudiado habría sido en vano. Y no habría podido practicar uno que otro deporte que quiero intentar, para después abandonarlo a la primera caída. Existen en realidad, tantos proyectos que no podría abandonar a la mitad, porque ni siquiera podría empezarlos!!! Y no habría visto los carros voladores, ni hubiera podido hacer que mi “slave-clon” hiciera todo lo que a mí me aburre hacer.

Lo único bueno de que se acabara el mundo hoy sería, que nos moriríamos todos y no tendríamos que vernos viejos (en mi caso al menos, más vieja), ni ver la partida de nuestros seres queridos. Asistiríamos todos a nuestro propio entierro y al entierro de todos cuantos conocemos. Lo malo, sería la cola para entrar al cielo y con tanto pecador, considero a los que tienen que hacer cola para ir al infierno.

En resumidas cuentas, yo estoy a la expectativa de lo que va a pasar hoy en el mundo y de lo que la bestia va a intentar en este día. Porque si algo monumentalmente diabólico ha de pasar, tiene que ser hoy, de lo contrario, tanto anuncio del fin de los tiempos, de la llegada del anticristo, del papa negro y el Apocalipsis preparando su entrada triunfal con huracanes, terremotos, tsunamis, hambrunas, ataques terroristas, y otras cosas de esas, van a perder toda su credibilidad, honestamente.

Yo por las moscas salgo para misa, cosa de que si llega el fin del mundo, Dios me coja confesada!!!!!

11:10 p. m.

DE MANÍAS Y OTRAS CONFESIONES..

SÍNDROME DE TOURETT: Popularmente conocido como "tics", se refiere a las acciones involuntarias que se realizan regularmente. Los hay leves, como son el constante parpadeo, la contracción de la nariz, las muecas, emisión de sonidos, palabras, o frases; o graves, donde la gente se vuelve muy loca y sobre lo que no pretendo profundizar. Es común que la persona con este síndrome continuamente aclare la garganta, tosa, gruña, olfatee, ladre, grazne o grite.

Muchas personas experimentan problemas adicionales como el trastorno obsesivo-compulsivo, en el cual la persona siente que algo tuviera que hacerse repetidamente, como lavarse las manos o asegurarse que la puerta está cerrada con llave; el trastorno de déficit de la atención, en el cual la persona tiene dificultades en concentrarse y se distrae fácilmente; trastornos del desarrollo del aprendizaje, los cuales incluyen dificultades de lectura, escritura, aritmética, y problemas perceptuales; problemas de control de impulsos, en los cuales pueden resultar en conductas muy agresivas o hechos socialmente inapropiados; o trastornos del dormir, estos incluyen el despertarse frecuentemente o hablar dormido.

Para todo el que piense que ésta va a ser una columna médica y peor aún, esté feliz al respecto, lamento desilusionarlo, pero no lo es. Así que después de esclarecer lo anterior, voy de una vez al punto. Encontré en el blog de un buen amigo de la red una cadena, en la cual se les pide a las personas escribir en su blog acerca de 5 manías, hábitos o tics que cada uno tenga, y que invite a 5 personas más con “blog propio” a que escriban en el mismo los propios y así sucesivamente hasta que el mundo haya revelado completamente sus más oscuros secretos psicológicos. La experiencia es interesante y la cadena como pude constatar ha viajado ya a varios lugares del mundo internáutico. La moraleja de todo esto? Que casi todas las personas que han respondido a este llamado, están enfermos sin saberlo y que todos de una u otra manera somos inconscientemente conscientes de ello y que hay mucho loco por ahí suelto.

Yo que siempre he sido una persona llena de mañas y de touretts, debo admitir que siempre he presentado toda la patología de este síntoma según lo describen los textos de medicina. A pesar de esto, mis tics siempre han sido leves y para estar acorde con el mundo en el que vivimos, han estado en constante cambio. Pasé por la etapa de hacer sonidos guturales, después pronunciar la ch hasta que me sonara como sh, entonces pasaba todo el día diciendo en tono muy bajo ch, ch, ch, hasta que finalmente me salía el tan anhelado sh y podía parar. Cuando ese pasó, supongo que algo vino a reemplazarlo. También he presentado diferentes formas de reírme, me he reído como pulgoso (el perro), como carro en proceso de encenderse cuando hay que chancletearlo para arrancar, con carcajadas largas, me he reído con la garganta, con la nariz, me he reído con la ja, con la je, con la ji, con la jo, nunca con la ju sin embargo. Y siempre reviso dos veces o hasta tres si cerré la puerta, si solté la llave del baño, si apagué la estufa, entre otras cosas. Este ha sido mi comportamiento mental durante toda mi vida, sin embargo, tengo algunas manías que podría describir como las más frecuentes en estos últimos tiempos.

En primer lugar, no puedo ver ciertas cosas mal puestas, pero no en cuanto a orden, porque soy bastante desordenada, sino en cuanto a bobadas mal acomodadas. Por ejemplo, si estoy acostada y la puerta del armario se me quedó abierta, o una de las persianas quedó medio volteada, me tengo que levantar a acomodarla, sino no me puedo dormir. En las noches que lucho contra esa rigidez de mi personalidad, siempre pierdo, porque la manía me gana. Si alguien tiene el pelo mal acomodado, o un pliegue mal puesto, o una mota en la chaqueta, o algo que me choque, tengo que arreglarlo, sino no puedo dejar de pensar en eso. Esto es terrible cuando me pasa con gente extraña y no puedo hacer nada al respecto, aunque es peor, cuando a pesar de ser gente extraña hago algo al respecto.

En segundo lugar, el 90% de mi tiempo lo paso pasándome los dedos índices por los bordes de la uña del dedo pulgar (lo estoy haciendo justo ahora mientras re-leo lo escrito), la recorro, hago una figura en forma de lira y vuelvo y empiezo y puedo pasar horas así, si no estoy ocupada en nada más.

El mismo 90% de las veces siempre que hablo con alguien, o que veo televisión o una película u oigo música, tengo que contar las sílabas de todas las frases. Esto no termina ahí. Tengo un juego en el cual soy una experta total y es que tomo frases al azar de las que oigo y las paso por mis dedos, las sílabas de dichas frases tienen que terminar en el dedo pulgar o en el meñique, porque tienen que cerrar el ciclo. Soy tan experta en este juego, que incluso desde antes de intentar, yo sé desde qué dedo debo empezar a contar las sílabas para que caigan en el meñique o el pulgar.

Si alguien estornuda, tengo que retener la respiración hasta que estoy segura de que los gérmenes de dicho estornudo se perdieron en el aire y no los voy a tener que respirar.

Por último, si entro a un baño y hay otra persona en él, me salgo, porque no puedo hacer ningún trámite si sé que hay alguien más en el baño conmigo, además por respeto a la otra persona me salgo para que haga tranquila lo que tiene que hacer. Además, voy mucho al baño porque me gusta tener las manos limpias, y cargo siempre jabón líquido del que no necesita agua en la cartera, para poder limpiarme las manos cuando quiera.

Estas son mis cinco manías que están más en la superficie, pero no son todas confieso con cierto orgullo, también me alegro que la cadena sólo pidiera cinco de ellas (aunque me doy cuenta de que he revelado mucho más). Como me he desnudado psicológicamente en esta columna, si usted la leyó está moralmente obligado a escribirme sus cinco manías más frecuentes, si tiene blog, avíseme cuando las escriba y si no tiene blog propio, me los puede contar en este que yo no soy egoísta, ese no es uno de mis touretts. Sin embargo, tranquilícese, la razón por la cual le pido que siga esta cadena no es porque alguna maldición horripilante lo vaya a atacar si no lo hace, sino por una cuestión de honor, es decir ojo por ojo y manía por manía.

4:27 a. m.

Vidas Paralelas

Leí hace poco un artículo acerca de los mundos paralelos, esos que nos muestran cómo sería nuestra vida si en diferentes etapas de la misma, hubiéramos tomados decisiones diferentes o hubiéramos escogido otros caminos. El autor exponía las vidas que hubiera podido tener o que le habría gustado tener y retaba a sus lectores a hacer el ejercicio. Debo admitir que este ejercicio me llamó la atención, y al hacerlo me di cuenta que me falta mucha vida, para dar a luz tanto proyecto. Las siguientes son las vidas que creo que habría podido o querido tener.

Escritora: Tengo una cabaña al lado de la represa del Sisga y me siento horas en el balcón a escribir acerca de otras vidas en compañía de mi esposo, un famoso escritor retirado en busca de su verdadero yo, perdido hace años entre tantas historias ajenas. Juntos sostenemos largas charlas sobre la insoportable pesadez de los seres. He publicado exitosamente varios libros con psicología barata, pero la gente dice que ellos les han cambiado la vida. Mi obra más famosa es “El hombre que convertía cualquier metal en oro”.

Médico sin Fronteras: Estudié 7 años medicina y decidí aplicar mi conocimiento en zonas de conflicto y de graves condiciones sanitarias en las diferentes tribus del Centro de África. Tengo un Land Rover modelo 76 que me moviliza por toda la región y es mi tesoro más preciado, puesto que no he estado en un mismo lugar más de tres meses desde que empecé esta travesía. Hablo más de 10 dialectos tribales y tengo un tórrido romance con el único hombre blanco en más de 200 Km. a la redonda, un reportero sueco que está haciendo un reportaje para un noticiero en su país.

Surfista Profesional: Paso 10 meses del año en las mejores playas del mundo, recorriendo el circuito del Campeonato Mundial de Surf. Mis días se van entre montar olas, asistir a eventos y fiestas organizadas por mis patrocinadores y ejercitarme para estar en forma y conservar el título de mejor surfista femenina, el cual he ganado consecutivamente durante los últimos 5 años.

Mercenaria: Trabajo en operaciones encubiertas en diferentes países donde sea necesitada. La primera vez que tuve que matar a alguien tuve un gran conflicto emocional y moral, pero tenía que hacerlo para salvar mi vida y la de mis compañeros. Cuando no estoy en misión, atiendo un bar en la playa sin mayores pretensiones. Preparo los mejores mojitos de todo el lugar.

Chef Internacional: Se me considera un prodigio de la cocina internacional. A mi corta edad ya he logrado darme a conocer por mis platos exóticos y mis envidiables salsas. Trabajo en un selecto restaurante que sólo abre en primavera y verano. El resto del año trabajo en un restaurante en una isla paradisíaca al cual la gente va para probar mis deliciosos platos. Cuando no trabajo me voy a la playa a hacer “mercado de ojo” y levantar turista.

Cantante: Me estoy dando a conocer en el mundo de la música y ya disfruto de un cierto nivel de popularidad. Mi primer éxito se dio a conocer el año pasado por la W y ahora se pasa por todas las emisoras locales. Me entrevistó José Gabriel y fui invitada especial en el Carnaval de Barranquilla y en el Reinado Nacional de la Belleza. Estoy de gira nacional como telonera de un cantante más conocido y mi manager me insiste que acepte la invitación de Jorge Barón para cantar en uno de sus conciertos, pero yo sigo renuente a la idea, porque tampoco…

Actriz: Movida por mis amigos decidí presentarme en “Protagonistas de Novela 2” y después de ciertas alianzas estratégicas y el apoyo del público, salí como ganadora de ese “reality”. Acabo de hacerme “la lipo”, me implanté unas siliconas que no puedo ni sostener, me operé la nariz, el mentón, las orejas, la cola, me pinté el pelo y me cambié el nombre por uno más artístico. La semana entrante empiezo las grabaciones del próximo estreno de RCN.

Traductora de películas porno: Mi talento natural para los acentos extranjeros me ayudó a ser exitosa en el mundo del doblaje cinematográfico. Trabajo como traductora de películas porno al español (de España) en un pequeño piso en Madrid. En mis ratos libres trabajo en una “línea caliente” que me ayuda a pagar las cuentas, ya que mi trabajo no es muy bien pago. He tenido que aprender a usar el lenguaje internacional del doblaje y he vinculado a mi vocabulario palabras como aguarda, con un demonio, sujétalo, rayos, y santo cielo.

11:30 a. m.

El trabajo dignifica I parte

Una de las enseñanzas más valiosas que nos ha regalado el protestantismo y su hermano gemelo el capitalismo, es que el trabajo dignifica al hombre y que las manos vacias y la mente ociosa son el taller del diablo. Por eso cada uno de nosotros, hombres y mujeres de bien, tratamos de llevar una vida virtuosa y en la medida de lo posible dignificante, y a raíz de esto se vuelve tan importante el dedicar varias horas de nuestra vida a trabajar, o en su defecto, a buscar trabajo, puesto que el trabajo ennoblece, enriquece, nutre y dignifica al hombre (a pesar de que el hombre en el fondo de su corazón prefiera quedarse en la casa viendo televisión, paseando por ahí, o como en mi caso personal: durmiendo hasta tarde; hundida en el ocio, pero feliz).

Sin embargo, a pesar de que el trabajo tiene una serie de virtudes inmensurables, comporta un gran problema, y es que el trabajo no crece en los árboles y para aquellos que queremos pertenecer al selecto grupo de los “que trabajan” nos es absolutamente necesario “conseguir un trabajo”, lo cual para algunos resulta una tarea fácil, para otros una tarea un poco más difícil, y para otro tanto, una tarea casi imposible.

Partiré de mi experiencia en la entrada al mundo laboral, con la cual sé que más de uno se sentirá un poco identificado, para probar que el trabajo puede que en algún momento dignifique al hombre, pero mientras lo hace es un desafío a la paciencia, la inteligencia, la buena suerte, en otras palabras una “acción de guerra” bastante dura y en ocasiones ignominiosa.

Como ya lo mencioné, cuando salí a buscar trabajo por primera vez, éste no colgaba de los pinos, así que me tocó iniciar con la operación “Ataque Frontal”, operación consistente en un bombardeo masivo de hojas de vida, cuyo blanco son las manos del tío, de todos y cada uno de los amigos con puesto, de la madrina, del compadre, del vecino, del señor Albarracín, de la amiga de la abuelita de la mamá del jefe de recursos humanos de cualquier empresa, o el altar de San Judas Tadeo “patrón de las causas imposibles” cuando la cosa está muy difícil; las cuales en el 90% de los casos, acaban de papel reciclable en las casas u oficinas de los mismos.

Sin embargo, en el transcurso de esta operación, una de las 700 hojas de vida que entregué fue a parar a la Cancillería, y allí sin más ni más, obtuve mi primer empleo como practicante, con funciones de asesor 1º, en la Coordinación de Asistencia a Connacionales. Como todo trabajo en las entidades del Estado cuando uno está en calidad de practicante, me exigía el mismo esfuerzo y la misma dedicación que cualquier otro funcionario de la misma, tenía el componente de la subordinación que establece el Código Sustantivo del Trabajo para definir la relación laboral, pero no tenía el componente de la “retribución salarial”, lo cual hizo de mi primera experiencia laboral un jardín pero sin flores. Pero como uno dice en estos casos: lo importante fue la experiencia, el background, el good will, el back up, el hard disk, que este trabajo me dio.

Acabado mi contrato verbal, inicié de nuevo con el ataque y en otra de esas tormentas de “Currículos Vitae”, me llamaron a presentar entrevista para un trabajo, esta vez en el sector financiero, perdón, “EN EL SECTOR FINANCIERO”. Primero, tuve que realizar unas pruebas psicotécnicas donde nos anticiparon a uno un grupo de 80 personas, que ésta era la primera de 6 pruebas, para entrar a esa prestante entidad y que había en total 12 plazas disponibles. Estas pruebas psicotécnicas son aterradoras, porque tienen la potestad de medir si el cerebro en su parte inconsciente, es apto o no para el trabajo. En mi humilde opinión, son una perdedera de tiempo, no tienen lógica, son en su mayoría subjetivas y uno se desbarata intentando hacerlas lo mejor posible, pero en realidad con estas pruebas uno no sabe qué esta bien y qué está mal. Al final y aunque a muchos les cueste creerlo, mi cerebro logró burlar el SP 16 y demás pruebas sicológicas, y logré salir invicta de esta primera batalla psicológica.

La segunda prueba fue un examen de conocimientos financieros consistente en cuestionario de 50 preguntas sacadas del P.U.C. (Plan Único de Cuentas) y después un caso práctico. Armada de calculadora financiera y todo tipo de fórmulas de rotaciones, indicadores, y demás, me dispuse a reconstruir los estados financieros de una compañía 5 años hacia atrás y a proyectarlos 10 hacia delante, hice un análisis del sector, refinancié la deuda que tenían, planteé propuestas de cómo incentivar el trabajo en esta compañía y después de 3 horas de examen, cuando se estaba acabando el tiempo y todavía no tenía una respuesta del caso, hice más bien lo que me habían pedido, y en veinte minutos acabé. Me llamaron a una entrevista, con el futuro jefe del cargo. Esta entrevista era para sustentar el caso anterior. Debo admitir que en este punto no sabía si me habían llamado porque había pasado el examen, o si estaban intrigadísimos con lo que había escrito, y querían ver quién había sido. Cuando me encontré cara a cara con el futuro jefe, ante su semblante serio y la duda que me embargaba, sentí una angina de pecho apoderándose de mí, pero me tranquilicé cuando recordé que tenía un arma secreta, mis 9 semestres de finanzas, y el tan viejo y conocido refrán costeño “si no sabes despístalos” y como no sabía si sabía, los despisté.

A pesar de los pronósticos pasé el examen. Llegué a pensar que todo iba bien, hasta que me dijeron que la siguiente prueba era otra entrevista, esta vez con la sicóloga. Las entrevistas aunque sé que son necesarias, son detestables. Por lo general son tediosas e intimidantes, uno sabe que cada movimiento y cada palabra, está siendo calculado e interpretado. Un gesto errado, una palabra mal dicha, un perfume muy fuerte, una mano sudada, todo, puede acabar con las posibilidades de un aspirante en esta etapa del camino. Afortunadamente, en esta prueba me fue bien. Ese día no usé perfume, traté de modular la voz para que luciera segura, dije lo necesario, me abstuve de transpirar y dio resultado, porque ya casi estaba del otro lado.

La siguiente prueba, era menos intelectual, y más física: el Examen Médico. En mi condición femenina, era obligada la prueba de embarazo, que sólo tiene dos formas posibles de hacerse: a través de prueba hematológica o con parcial de orina, tomada obligatoriamente en el consultorio. La primera, aterradora para muchas mujeres, la segunda indignificante. Considero que no hay nada más terrible, que “tener” que tomar dicha prueba teniendo que forzar el cuerpo a hacer algo que no quiere, en un lugar que no puede y que es de carácter obligatorio. Finalmente, después de hora y media en el consultorio y tres botellas de agua, pude decir “prueba superada”. Pero ahí no acabó todo, con resultados negativos en mano, vino la visita al médico, el cual era un completo desconocido, que actuaba como si me conociera de toda la vida, y que en pos de eso, me hizo una minuciosa inspección, para ver si me podía dar su visto bueno o no.

Después de obtener la aprobación del doctor (y de pensar que tenía una pierna más larga que la otra, gracias a la minuciosa observación de éste), me tocó seguir con la unificación de los documentos necesarios para el ingreso. El primero de ellos era el pasado judicial. Como le avisan a uno por teléfono, esta vuelta es personal e intransferible, larga y aburrida, porque supuestamente uno no puede llevar acompañante (lo cual desmitificaré en otro artículo). Cualquiera que haya sacado su pasado judicial, reconocerá que es una de las vueltas más jartas que hay para hacer. Son tres horas en la cola para entrar , otras tres horas en la cola para pagar, porque uno sólo puede hacer la consignación en el banco que queda dentro del D.A.S., otras tres horas mientras toman los datos y una hora más mientras aparece un señor en la mitad de la plaza gritando el nombre de los documentos que ya están listos.

El segundo documento que necesitaba era el del fondo de pensiones y cesantías. Nunca me imaginé que estas cosas había que tomarlas tan en serio, porque uno se está jugando el futuro si hace una mala elección. Hice un análisis exhaustivo de cuál era el mejor, si Colfondos que tiene el respaldo del Citibank, o si Porvenir, que es un fondo de capital netamente colombiano o si sería mejor el Seguro Social, que mal que bien ese nunca se quebrará, por ser del Estado. Finalmente me quedé con Colfondos, porque fue el que me dio más seguridad por aquello de que “el Citi nunca duerme”. Todavía tenía que escoger quien se encargaría de mi salud, porque como con la salud no se juega... Por supuesto hice una consulta con mis amigos, para ver ellos dónde estaban, consulté con mi tía que sabe de esas cosas, miré cómo le ha ido a mi hermana con su EPS, a mi prima, y después de realizar una ponderación con los resultados obtenidos, escogí el del formulario que no se me dañó al llenarlo.

Después de haber pasado por todo este proceso el cual fue largo y tedioso, me dispuse a llevar todo lo necesario para finalmente firmar el contrato de trabajo, mi primer contrato de trabajo. Después de tanta vuelta, tanta selección, y tanto proceso, imaginaba un contrato de exclusividad mínimo por 5 años, con dieciséis salarios al año (por aquello de las convenciones que manejan los bancos), con varios ceros, varias prerrogativas por ser un trabajo que maneja altos niveles de presión, y de pronto alguna sorpresa más, como regalo de la entidad para premiar mi entrada a la misma. Pero todo lo anterior fue únicamente para un contrato por 5 meses, con un salario de los que reciben auxilio de transporte y disponibilidad de trabajar sábados, domingos, festivos, y muchas horas extras sin remuneración, entre otras muchas sorpresas que el trabajo efectivamente me entregó. Es decir, pasé más tiempo en la etapa de selección que en la de dignificación. Debo confesar que no deja de asaltarme una duda: “Si estas fueron las cosas que me tocó hacer para ocupar este puesto en una escala baja del organigrama institucional, qué le habrá tocado hacer al presidente de esta entidad para llegar a ocupar esa posición?”.

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