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3 POSIBLES CAUSAS DE EMBARAZO: TODAS IMPROBABLES!!!!

Yo en realidad no me acuerdo cómo hice para enterarme de cómo funcionaban sexualmente el hombre y la mujer. Supongo que en algún punto de la educación primaria o secundaria, se me dió toda la información que necesitaba, ya que mi santa madre nunca pudo hacerlo (aunque ella lo intentó), porque mi hermana y yo cada vez que ella quería ilustrarnos sobre el tema nos encargábamos de sabotearla y no le permitimos explorar esa faceta de su maternidad (ojalá no le hayamos causado ningún trauma).
La vaina era muy simple, hablar con la mamá de esas cosas era como feo y además para qué si uno ya sabía. Cómo? no sé, pero uno ya sabía. Ese era el tiempo en que cuando uno estaba viendo televisión con los papás y de repente una pareja se estaba poniendo “cariñosa” o se estaba dando más besos de lo que permitía la franja para adolescentes, uno se ponía rojo y fingía cualquier excusa para huir del lugar. También era el tiempo en que uno todo lo sabía.

El caso es que doy gracias al cielo por como fuera que llegara ese tipo de conocimiento a mi conocimiento, y me alegra sobre manera que en el entretanto no haya caído en los errores de la inocencia, Es que ser una adolescente entre los 12 y los 15 años puede ser una de las experiencias más duras que una mujer tiene que atravesar en su vida, casi tan duro como lo es para las personas a su alrededor, tenérselas que aguantar. A quien sobrevivió a su adolescencia y pasó invicto sin incurrir en ningún bochorno mayor, felicitaciones, al que no, puede ser que reconozca en los siguientes casos (todos de la vida real) el suyo propio y vuelva a sonrrojarse. Aunque si soy franca, si uno ha de pasar por una situación embarazosa siendo aún adolescente, ojalá que sea por una de las siguientes causas:

CASO # 1:
La mamá y la tía de Juliana están hablando de sus cosas, en presencia de ella. La tía de Juliana le está comentando a su hermana la buena nueva de su cuarto embarazo y de cómo quedó embarazada. (Es en ese momento donde ella lanza el comentario que conduce a la confusión que nos conduce al primer caso de embarazo improbable).
—"Es que yo toco los calzoncillos de Francisco, e inmediatamente quedo embarazada”­—.
En esto Juliana rompe en un llanto inconsolable y ante los interrogantes de su madre y su tía, ella les confiesa la terrible noticia:
— “Estoy embarazada de Tío Francisco” —.

Explicación:

La familia de Juliana y la de su tía fueron de vacaciones juntas. Juliana, que es una niña ejemplar ayudó a su tía embarazada a deshacer la maleta, en la cual se encontraba tanto su ropa como la ropa de su esposo, el tío Francisco. Juliana se topó con los calzoncillos de su tío Pacho, (de hecho con varios de ellos, porque el tío Pacho se cambia de calzoncillos dos veces al día cuando está en tierra caliente) y los ayudó a acomodar en el armario que ocuparían él y su esposa. Después de oír el comentario de cómo quedó embarazada su tía, Juliana recuerda que ella tocó los calzoncillos de su tío Francisco, así que ella concluye que también está embarazada de él.

CASO # 2:
Karima está desconsolada, y no sabe qué hacer ni con quien hablar. Hace dos semanas que le debería haber llegado su periodo —de acuerdo con sus cálculos— pero nada, está retrasada y seguro está embarazada (es que hace dos semanas se masturbó). Karima no quiere contarle a nadie su angustia porque sus padres que son muy católicos de seguro la echarían de la casa, así que decide escribir su caso a la sección médica del periódico local, donde el doctor Luciano Candel responde a preguntas relacionadas con la salud.

Explicación:
Karima no sabía que su periodo era irregular. Ah y tampoco sabía que la única que ha quedado embarazada sin ayuda, ha sido la Virgen María.

CASO # 3:

A sus 12 años, Lucy oyó que cuando las mujeres quedan embarazadas no les llega el periodo. Lucy está muy preocupada porque no le ha llegado el periodo y teme estar embarazada porque el sábado pasado en el cumpleaños de Caro estuvo jugando a la “botella” y le tocó darle besos a Daniel, a David y a Carlos. Se lamenta de su mala suerte (en la botella) y está aún más asustada, puesto que no sabe cuál de los tres es el papá de su bebé, o si cabe la posibilidad de que puedan ser los tres.

Explicación:

Lucy tendrá que esperar todavía otros 9 meses para que le llegue su periodo, POR PRIMERA VEZ. Sin embargo, ha decidido que no volverá a las fiestas de Caro, debido a que hay mucha promiscuidad.

* Los nombres han sido cambiados para esconder la verdadera identidad de los personajes.

2:03 p. m.

DE QUÉ SE RIEN LOS CHINOS?

Cada vez que veo un chino (chino para el propósito de este artículo es todo lo que venga de Asia y tenga el ojo rasgado), no puedo dejar de preguntarme: “de qué carajos se estará riendo este chino?”, porque siempre se están riendo de algo y me muero de la curiosidad y de la envidia, por no saber qué les causa tanta gracia y por qué?.

Uno los ve por ahí turisteando y siempre se están cagando de risa. Cómo se caga de risa un chino? Le murmura al de al lado unas frases o sonidos ininteligibles para el oído no-chino, unos ong-tong, hang-bong, utu-zha rarísimos; lo mira como pidiendo aprobación y una vez la obtiene, con la mano sobre la boca y con movimiento sistemático ascendente y descendente de la cabeza se dispone a reírse; tímidamente, casi para adentro, pero con muchas ganas. Nunca es una gran carcajada, pero al verlos, uno sabe que se están matando de risa y lo que es peor, que podría ser de uno.

Tanta ha sido mi curiosidad, que he llegado a depositar horas y horas de mi valioso tiempo de ocio y en algunas ocasiones, de mi aún más valioso tiempo productivo, desarrollando todo tipo de explicaciones lógicas a tal fenómeno. Incluso hasta hoy, movida por mi elaborado pensamiento cartesiano, estaba segura que su cultura ancestral los hacía descubrir cosas maravillosas en los detalles más simples, que su yin y su yan los mantenía en perfecto control de su buen humor y que incluso su filosofía oriental superior, hacía a sus espíritus más inocentes (cercanos a la perfección del que desconoce) y por ende, que se maravillaban alegremente con todo cuanto veían por las calles y que por eso reían. Nadie podría imaginar el tamaño de mi decepción, cuando descubrí que todos estos años invertidos en desarrollar tales explicaciones, habían sido una pérdida total de tiempo, que estaba equivocada y que todo ese esfuerzo mental, no me podía tener más lejos de la realidad.

La razón por la cual los chinos se ríen todo el tiempo de cosas que uno no entiende, es mucho más compleja que cualquier posible explicación que hubiera podido provenir de mí o de mi entendimiento, porque supera el límite de lo sobrenatural, y es que los chinos “tienen el poder de ver cosas que uno no ve”. Sus características físicas los hace acreedores de poderes especiales, evidentemente, no concedidos al resto de la humanidad.

Es por eso que los chinos siempre andan hablando de ver más allá de las cosas que están a simple vista y toda su filosofía versa alrededor de encontrar el sentido de las cosas que tenemos en nuestras propias narices y lo que viene a este caso, que se mueren de risa cada vez que lo encuentran. Los demás mortales oímos esas filosofías, las estudiamos, o lo que es más patético, algunos incuso forman su vida alrededor de todas esas patrañas, hacen videos, escriben libros, hacen películas, se convierten, creen hallar la luz en la milenaria sabiduría oriental, mediante la explicación “espiritual” de la misma; cuando de lo que se trata toda esta parafernalia oriental, es de ver las cosas con ojos orientales para descubrir cosas maravillosas. Literalmente, VER LAS COSAS QUE ESTÁN EN NUESTRAS NARICES CON OJOS ORIENTALES!!!!

Sé que suena difícil de entender lo que he dicho, y es que efectivamente lo es, a menos que uno vea el mundo con ojos “achinados”. Yo los invito a que de ahora en adelante vean las cosas con ojos orientales, para que puedan descubrir que el mundo está lleno de mensajes subliminales capaces de alegrarnos la vida, tal y como sucede con todos los chinos que se van partiendo de risa por ahí. Así que pongan los ojos chinos y empiecen a ver el mundo de manera diferente, empezando por aquí:

3:18 p. m.

CONTRA ALGUNAS COSAS HAY QUE ARMARSE HASTA LOS DIENTES!!!


Cuál es la primera reacción que ustedes tendrían si les dijeran que antes de las 12 de la noche 8000 personas entre hombres, mujeres y niños, van a morir atacadas por la misma mano? O peor aún, que esa mano ya ha matado otras 23 millones de personas hasta la fecha? Qué harían si les dijeran, que dentro de esas 8000 personas puede estar alguno de sus familiares, amigos o conocidos? Yo diría: Hay que acabar con el maldito desgraciado que esta haciendo esto.

Desgraciadamente, la causa de todas estas muertes es el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH ) y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), y pese a todos los esfuerzos que el mundo entero está intentando realizar para combatirlo, todavía no existe una cura conocida, para acabar con este flagelo. Lo más triste es que esta enfermedad no discrimina edad, sexo, raza, y ataca igual a grandes que a niños. A 1º. De diciembre de 2005 hay en el mundo 40.3 millones de personas (conocidas ) sufriendo las consecuencias de este virus o que son portadores del mismo, y hay otra inmensa cantidad de personas que no saben que están infectados o que portan el virus, haciendo que sea más factible la transmisión del virus a otras personas que no están infectadas.

Si bien aún no existe ninguna cura conocida para tratar esta enfermedad, existen maneras para evitar contagiarse de la misma. Sólo hay cuatro maneras de adquirir el virus y conocerlas puede ser la diferencia entre entrar a hacer parte de las cifras, o ganarle la guerra a este virus:

1. Encuentros sexuales sin protección con una pareja infectada (la más común)
2. Compartir agujas o algunas otras inyecciones o equipos para tatuar o hacer piercings sin la higiene adecuada, que estén infectados.
3. Por transfusiones de sangre infectada, transplante de órganos infectados o tejidos humanos infectados
4. Transmisión de la madre al hijo durante el embarazo o la lactancia (principal causa del contagio en niños).

Al VIH/SIDA hay que hacerle la guerra y armarse para ella no es difícil, el uso del condón para tener relaciones sexuales no es sólo una materia de planificación, sino que puede salvar nuestras vidas, recuerden que para contagiarse sólo es necesario un contacto sexual o un intercambio de fluidos corporales tales como sangre, semen, secreciones vaginales o leche materna, con una persona infectada. También existe la manera de tener hijos sanos de madres infectadas, lo más importante es mantenerse informados.

En este día Internacional de la Lucha Contra el SIDA, apersonémonos de nuestra vida, seamos quienes tomemos las decisiones que a ella atañen con responsabilidad y no dejemos que un error nos la cambie para siempre o nos condene a una muerte temprana y mucho menos que una irresponsabilidad termine condenando a nuestros seres queridos o a las personas que amamos a lo mismo. Si los monumentos pueden protegerse, por qué nosotros no podríamos seguirles el ejemplo!!!

3:46 p. m.

CONSEJOS PARA NO HACER EL OSO EN ZOOCIEDAD (Cómo comportarse fuera de casa)

Habiendo aprendido las reglas mínimas de educación y cómo debe ser el comportamiento consigo mismo y en casa, esta segunda parte le mostrará como llevar esas enseñazas y cómo debe ser el comportamiento en otro nuevo nivel: La Calle, en otras palabras, frente a la sociedad plenamente dicha.

Empecemos por la calle misma, porque incluso en la calle hay que guardar ciertas reglas de comportamiento. Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que nunca hay que caminar tan rápido que la gente que va con nosotros tenga que hacer grandes esfuerzos para seguirnos el paso, sobretodo si vamos con mujeres que por su complexión física tienen piernas más pequeñas y pasos más cortos. Cuando un hombre va con dos mujeres éste debe ir en la mitad de las mismas. Nunca, apréndalo bien, hay que situarse detrás de una persona que está leyendo para leer lo que ésta está mirando o compartir su lectura.

En los carros con chofer, las mujeres van atrás y los hombres adelante. Si no hay hombre, la mujer mayor va adelante. Dentro de los carros, quien maneja debe tener en consideración las personas que van dentro a la hora de abrir o cerrar ventanas o prender el radio. Los hombres deben abrir las puertas a las mujeres para subir a un vehículo, esperar a que se acomoden y cerrarles la puerta, lo mismo para bajar, deben abrirle la puerta y ayudarlas a bajar.

Tal vez en donde más se nota la buena o la mala educación de las personas es en la conversación. A la hora de hablar, hay que tener en cuenta el tono, la inflexión de la voz, la pronunciación, la elección de los términos (que no sean tan rebuscados que ni siquiera usted conozca el significado de los mismos y peor aún que no sepa utilizar), o utilizando un lenguaje que no le es familiar a ninguno de los presentes. Es igualmente desagradable las personas que hacen uso de palabras en otros idiomas para dárselas de educados, puesto que suena ridículo y resultan pedantes. Nunca hay que hablar de temas del trabajo, o que tengan lenguaje muy técnico o que no sea comprensible para la mayoría de los participantes a una conversación, porque resulta aburrido y excluyente.

Nunca hay que gritar ni vociferar en público aún si se quiere hacer oír su punto de vista. Tales pérdidas del control son de muy mal gusto y socialmente no se olvidan fácilmente. De la misma manera, en una conversación no hay nada peor que una persona testaruda, no sólo porque es muestra de que no puede entender otros puntos de vista, sino porque esta actitud puede hacerle perder fácilmente a las personas la tranquilidad de su ánimo y su cultura. Además nada choca más, que una persona que intenta hacer triunfar sus opiniones frente a los demás.

El propósito de participar en una conversación nunca debe ser el hacerse el chistoso. El chiste en sociedad necesita de gran impulso para hacer reír y de no tenerse, probablemente termine haciéndose el ridículo. Si alguien está tocando o cantando, es de muy mala educación ponerse a hablar al mismo tiempo que esta persona está ejecutando su actuación. Tampoco está bien cuchichear con otra persona en medio de una conversación.

Nunca hay que llegar a una conversación preguntando “de qué están hablando?”, si se perdió el inicio de la misma, únase al grupo, escuche y entérese por esa vía, más nunca interrumpa una conversación para que le expliquen. Hablar en exceso resulta molesto en algunas ocasiones para las personas que nos oyen, pero permanecer siempre callado también es malo, esto denota falta de cultura y de intelecto.

Al hablar hay que tener mucho cuidado con el uso del lenguaje. No diga cualesquier cosa para reemplazar cualquier cosa, o abuse del verbo colocar, también el uso de las enes al final de las palabras en los verbos pronominales, como párensen en vez de párense, báñesen en vez de báñense, son de muy mal gusto, entre otras faltas comunes. Después de responder si o no, hay que decir señora o señor según el caso, sobre todo si nos estamos dirigiendo a personas a las que les debemos respeto. Es de muy mala educación igualmente chicanear o alardear acerca de nuestros títulos o nuestras hazañas frente a los demás.

Es de pésimo gusto la gente que dice si, ajá, o si señor, mientras escucha lo que se le está relatando. Tampoco debe suministrársele palabras a una persona que por una u otra razón en medio de su relato no encuentra lo que quiere decir. Si vemos que alguien está contando una historia y no recuerda los detalles podemos ofrecernos a completarla si los conocemos, si y sólo si, es para ayudar a la persona a salir del apuro y no la vamos a poner en ridículo, pero nunca debemos adueñarnos de la misma.

Cuando se vive en sociedad, es muy factible que asistamos a ciertos eventos o espectáculos que en ella se realizan, estos son también ocasiones perfectas para mostrar nuestros buenos modales. En primer lugar, a todos los eventos a que asistamos siempre tenemos que llegar con unos minutos de anticipación con el fin de acceder a nuestros asientos sin molestar a nadie. Nunca hay que estorbar la vista de las personas que están detrás de nosotros. Hay que tener en cuenta que las personas que asisten a un acto van para ver el acto no para oírnos hablar, así que hay que abstenerse de hablar durante los mismos o hacer comentarios acerca de la película o el espectáculo que se está viendo y mucho menos comentar o explicar la obra o película a la persona que nos acompaña. Tampoco hay que reír a carcajadas por graciosa que le resulte la obra.

Si va a una tienda y sabe de antemano que no va a comprar nada, no haga que el dependiente le muestre toda la mercancía, o le baje todo el inventario, porque resulta molesto y es jugar con el tiempo y trabajo de los demás.

A diferencia de lo que se ve en televisión, no hay que pagarle la cuenta a nadie que no se conoce y menos si la intención es acercarse a ésta. Igualmente, cuando alguien nos invita es de mala educación pelearse por la cuenta ya que se hace sentir mal a la persona que quiere tener un detalle con nosotros. Es igualmente de mala educación, alejarse a la hora de pagar para evitarse pagar la cuenta y dejarle la responsabilidad a otro.

Tenemos que tener especial cuidado a la hora de hacer presentaciones, siempre existirá un halo de responsabilidad entre la persona que nos presentó a alguien y el presentado. Por eso guardémonos de no presentar a alguien que no estemos seguros de conocer bien. La forma de presentar a la gente con títulos es la siguiente: Si la persona ostenta siempre el título porque está ligado a quien es esta persona como tal (como un obispo, un general, un doctor), se dirá primero el título y luego el nombre de la persona. Si es un título provisional, se dice el nombre y después el título. Siempre las personas menores se les presentan a las personas mayores, nunca al revés y lo mismo con mujeres y gente mayor. Importantísimo, la persona a quien se le está presentando a alguien es la que extiende la mano. Este acto más que una convención es un símbolo de amabilidad y de aprobación a la persona que nos ha sido presentada.

Si estamos acompañados y encontramos a alguien en nuestro camino a quien sólo le vamos a dedicar unas palabras rápidas, no es necesario presentárselo a nuestro acompañante y menos si su conocimiento mutuo no les trae ningún beneficio o interés particular.

Con respecto a las invitaciones que recibamos, lo primordial es siempre llegar a tiempo y si es pertinente llevar algún presente a la anfitriona. Nunca debemos llegar con invitados extra y mucho menos si puede ser una persona que pueda resultar molesta para los invitados originales.

Como anfitrión, es de pésima educación tratar de retener a las personas que se disponen a irse. Tampoco como invitado, debe uno quedarse hasta muy tarde y menos si los anfitriones se muestran cansados, o si ya todos se fueron y somos los últimos que faltan por partir. También es de pésima educación decir cuanta hambre se tiene, esto dejará ver que usted asistió a la invitación probablemente sólo por la comida. Después de terminada la misma, hay que quedarse por lo menos media hora más, es de muy mal gusto comer e irse. En una fiesta con muchos invitados es menester sólo despedirse de los anfitriones, las demás personas las podemos evitar.

Dicen por ahí, que en la mesa y en el juego se conoce al caballero, así que es de vital importancia tener en cuenta los modales a la hora de sentarse a la Mesa. En primer lugar, nunca hay que sentarse hasta que los dueños de casa lo hagan. Primero deben sentarse las mujeres, los hombres deben correrles el asiento antes de sentarse ellos. En la mesa, los hombres tienen un papel muy importante, ellos deben asegurarse que las mujeres a su lado estén cómodas y dispongan de todo lo que necesitan.

Debemos situarnos a una distancia conveniente de la mesa, ni muy separados ni muy cerca. Nunca hay que apoyar sobre la mesa todo el antebrazo y de ninguna manera los codos. Las manos tampoco deben estar sobre las piernas, ni ocultas bajo la mesa. No hay que reclinarse sobre el espaldar del asiento, ni apoyarnos sobre los asientos de los demás. En esto hay que guardar especial cuidado. El acto de levantar los codos al dividir con el cuchillo la comida, es de gente maleducada. Jamás hay que ponernos de pie, ni pasar el brazo delante de ninguna persona para alcanzar algo que está sobre la mesa, o para pasar algo a alguien, hay que buscar ayuda de las personas que estén más cerca de los objetos que deseamos. Después de sentarse hay que retirar la servilleta de la mesa y ponerla sobre las rodillas, ésta sólo se usará para limpiarnos la boca, nada más.

Cada utensilio puesto sobre la mesa tiene una peculiar forma de usarse. El cuchillo y el tenedor se toman empuñando el mango con los tres últimos dedos y adhiriendo a éste el pulgar por el lado interior y el índice por encima, el dedo índice nunca debe tocar la parte del filo del cuchillo, o los dientes del tenedor. La cuchara se toma vuelta la palma de la mano hacia dentro y un tanto hacia arriba, manteniendo los tres últimos dedos recogidos, se hace descansar la cuchara sobre el dedo cordial (el del corazón) y el índice se recoge hasta quedar adherido al canto del mango; por último, el pulgar cae sobre el extremo del mango pisándole con la fuerza que sea indispensable para que la cuchara quede enteramente sujeta.

La cuchara y el cuchillo se manejan invariablemente con la mano derecha, más en cuanto al tenedor, tan sólo podrá manejarse con la derecha cuando se tomen comidas que no necesitan ser divididas con el cuchillo (reglas de urbanidad más recientes permiten una vez cortado el alimento, pasar el tenedor a la mano derecha para llevarlo a la boca).

Siempre que consuma pan, parta con la mano tan sólo el pedazo que se va a llevar a la boca, no uno más grande y hágalo sobre el plato, de manera que las boronas que salgan caigan sobre él. Si bien el pan se come con las manos, nunca meta sus dedos a la boca al hacerlo, porque el espectáculo es poco grato para los que están alrededor. El uso de la cuchara y el tenedor está reservado al contenido de los platos, la cuchara sólo se usa para tomar alimentos líquidos, es de pésimo gusto las personas que hacen un uso excesivo de la misma. Nunca, por ningún motivo debemos llevar el cuchillo a la boca, su único uso es el de dividir la comida. Respecto al tenedor y la cuchara, sólo introduciremos en la boca, la parte justa para que el alimento quede dentro de nuestra boca, pero nunca haremos chirriar los cubiertos sobre los dientes. El tenedor se lleva a la boca por su extremo, mientras que la cuchara por su lado interior de manera que quede paralela a la boca.

El vaso se toma por la parte más inmediata a su base, con los dedos índice, cordial y anular, todos unidos por el lado del frente, y el pulgar por el lado interior, recogiendo el meñique de manera que no quede separado del anular. Las copas se toman por la columnilla que une la pata con la parte cóncava, con los dedos índice y cordial por el lado del frente y el pulgar por el lado interior y recogiendo los dos últimos dedos, pero no tanto que lleguen a tocar la palma de la mano. Las botellas se toman por la parte ancha, nunca por el cuello. Nunca hay que cambiar el orden de las cosas en la mesa, el pan siempre va a la izquierda y los vasos, las copas y los pocillos siempre deben estar a al derecha. Nunca debemos quitarle la masa al pan, ni mucho menos jugar con ella, ni hacer bolitas.

Nunca hay que comer ni tan rápido ni tan despacio. Lo primero indica que queremos ganar tiempo, para poder comer más. Lo segundo denota que no nos gustó la comida y no hay nada peor que quedarse en la mesa comiendo sólo, o tener que abandonar la comida sin haber quedado satisfecho. Si no nos gusta lo que tenemos enfrente hay que comer aunque sea un poquito, para disimular. Son actos impropios de gente educada el oler la comida, o el soplar los alimentos para enfriarlos. Tampoco el pasar el contenido de un recipiente a otro para enfriarlo o de pasar el contenido de una taza al pequeño plato que la acompaña para conseguir que bajen más pronto de calor y beberlos directamente de ahí.

A la hora de servirse, nunca se sirva en exceso, no hay nada más desagradable que ver un plato rebozado, vale más servirse dos veces que mostrarse hambriento y avaros. También es de pésima educación abrir la boca y hacer ruido al masticar, sorber con ruido la sopa o los líquidos calientes, jugar con la comida, dejar en la boca parte del líquido que se llevó a la boca y después devolverlo al resto del alimento, tomar bocados muy grandes, producir ruidos con los cubiertos al partir los alimentos, llevar huesos a la boca por pequeños que sean, recoger las últimas partículas del plato con el pan o la cuchara, volcar el plato hacia un lado para poder acabar su contenido, hacer muecas o ruidos con la boca para limpiar las encías o extraer de la dentadura partículas de comida con la lengua y hablar con la boca llena.

Si nos desagrada la comida o bebida que ya hemos probado, o encontramos en ella algo desagradable que nos produzca asco, guardémonos de proferir cualquier comentario sobre el particular y disimulemos nuestro desagrado frente a los demás. Cada vez que en el acto de comer hayamos de abandonar nuestros cubiertos, los colocaremos dentro del plato, de manera que el mango repose sobre la orilla de este. Cuando hayamos de abandonar al mismo tiempo el tenedor y el cuchillo, debemos ponerlos cruzados formando una equis sobre el plato poniendo el tenedor debajo del cuchillo. Una vez que hayamos terminado, pondremos los cubiertos juntos con el mango apuntando hacia nosotros, ya que esto es lo que indica que hemos terminado y no vamos a comer más. Al beber algo, nunca debemos meter tanto la boca en el vaso o la taza que el labio superior e incluso la piel encima de este quede untada del líquido que estamos tomando, tampoco debemos tomar ningún líquido mientras tengamos todavía comida dentro de la boca.

Una cosa que genera mucha preocupación y dudas al respecto es el comer pollo. Por más difícil que le parezca, el pollo siempre debe comerse con cubiertos, no hay nada más desagradable que ver comer pollo y más si éste se está comiendo con las manos y acto seguido asistir al chupado de dedos.

La regla de los vinos difiere según el vino, pero la generalidad es esta: Vinos blancos se deben tomar fríos y acompañan Carnes blancas y pescados. Vinos rosados, se toman fríos y acompañan carnes blancas y postres. Champaña o espumosos se sirven fríos y acompañan postres. Vinos tintos se sirven a temperatura ambiente y acompañan carnes rojas. Vinos tintos dulces sirven como aperitivo y/o para acompañar postres. Los vinos blancos, rosados o tintos se sirven en copas normales anchas, la champaña en copas alargadas tipo flauta. El agua se toma en la copa más ancha que hay sobre la mesa. Los licores fuertes se deben servir en copas chiquitas, excepto el brandy que se sirve en su copa tradicional.

Siempre que nos veamos en la penosa necesidad de toser, estornudar o eructar, hay que tener en cuenta que tales cosas son aún más desagradables en la mesa. Hay entonces que disimularlos lo más posible y voltearse hacia un lado para hacerlo, nunca sobre las comidas. Para terminar, nunca debemos pararnos de la mesa, hasta que lo haga el que la preside.

No podemos terminar sin hablar del juego. Se dice que en él también se conoce a la gente educada, puesto que el amor propio juega en él un papel muy importante y tenemos todos tal propensión a enfadarnos cuando nuestra habilidad queda vencida por la de los demás, o a sentirnos contentos y satisfechos cuando ganamos que es muy fácil cometer faltas. Así que como ya se dijo antes, para ganar y para perder también hay que tener educación. Nunca podemos dejarnos caer en la grave falta de aparecer mustios y mortificados en los reveses del juego o de ofender la dignidad y el amor propio de nuestros contrarios cuando los vencemos. Lo más fácil para esto es asumir desde que nos sentamos a jugar que la suerte no habrá de favorecernos a fin de que este resultado nunca llegue a sorprendernos y nos haga cambiar el ánimo.
El último consejo que da el autor es que para todos nuestros actos siempre hay que tener lo que él llama “tacto social”, para hablar, para comunicar noticias, para recibir elogios, para darlos, para dar opiniones o críticas, para recibirlas, etc., hay que saber como comunicarlos sin herir susceptibilidades, y sin caer en faltas a la educación y las buenas costumbres. Hay muchas otras cosas que se me quedan por fuera, pero que enmarcándolas en las reglas anteriormente mencionadas pueden darle una idea de cómo manejarse en sociedad. Sólo me resta decirles que siempre hay que tomar en cuenta las reglas imperantes en cada sociedad, puesto que no todas las sociedades manejan los mismos cánones para sus miembros y siempre resulta de mucha ayuda el observar antes de actuar. Espero que esta selección de consejos para desenvolverse bien en sociedad les sean de gran ayuda y por favor, si conoce a alguien a quien usted piense que le servirían: envíeselos, pero recuerde, siempre con diplomacia y tacto social.


Reglas para los Cumpleaños
· Nunca debe preguntarse la edad de las personas adultas
· Para el pastel sólo se pondrá una vela que significa el inicio del nuevo año de vida
· Todo invitado debe presentarse con un regalito por pequeño que sea
· Si no puede asistir al festejo no es necesario mandar un regalo

Reglas para Regalos
· Una persona invitada a una cena, etc., hará bien presentándose con un regalito para la anfitriona
· Si las personas que se visitan no tienen grandes medios económicos, se puede llevar algún licor para beber durante la visita, y quitarles la pena de no poder ofrecer nada
· Los regalos siempre deben ir acompañados de unas palabras cortas que expresen afecto
· Nunca debe mencionarse el precio del obsequio ni insinuarlo
· No hay que chicanear o alardear su regalo, ni hacérselo lucir a la persona que se le obsequia delante de los demás
· Si se va a obsequiar algo a una señora que no se conoce mucho, no hay que darle nada demasiado personal ni delicado como ropa o joyas, más bien flores o golosinas serán un mejor regalo
· Para un hombre que conoce poco puede elegir entre libros, discos, licoreras de cristal, prismáticos, mancuernillas, etc.
· Los Aniversarios de Boda son así:

1. Bodas de papel o plástico
2. Algodón
3. Cuero
4. Seda, rayón, nylon
5. Madera
6. Hierro
7. Lana, cobre
8. Bronce, equipos eléctricos
9. Cerámica
10. estaño
11. Acero
12. Seda, hilo
13. Encaje
14. Marfil
15. Cristal
20. Porcelana
25. Plata
30. Perla
35. Coral, jade
40. Rubí
45. Zafiro
50. Oro
55. Esmeralda, turquesa
60. Diamante

Reglas para las Escaleras
Generalmente las personas que bajan, deben ceder el paso a las que suben y los hombres siempre deben cederle el paso a las mujeres.

Reglas para fumadores
· Nunca encender un cigarrillo sin preguntar a la gente que está alrededor si el olor o el humo les fastidia o molesta.
· Nunca prender un cigarrillo sin ofrecer a los presentes
· La ceniza y las colillas deben ser desechadas y apagadas sólo en los ceniceros cuyo fin es sólo ese
· Las colillas siempre deben apagarse completamente, nunca dejarlas humeando
· No es correcto entrar a un restaurante o a una casa fumando

Horas para distintos eventos:
1. Café Matutino: 11 a.m.
2. Almuerzo: 1 ó 1.30 p.m.
3. Té: 4 ó 4.30 p.m.
4. Cenas: 7.30 a 9 p.m.
5. Bailes: de 10 a 11 p.m.
6. Picnics, Asados comidas al aire libre: de 3 a 6.30 p.m.
7. Cóctel: entre 6 y 8 p.m.

Cómo servir la Mesa
Los cubiertos se colocan de manera que las personas tengan que tomarlos de afuera hacia adentro, es decir, los primeros que se utilizan de acuerdo al orden que se sirven los platos son los de afuera. Las cucharas y cuchillos se ponen a la derecha que es con la mano con la que se comen y los tenedores a la izquierda. En una cena formal, los cubiertos que deben ir al lado derecho del comensal (de derecha a izquierda es decir, en dirección hacia el plato) son: Cuchara de sopa, cuchillo para pescado, cuchillo para carne y para mantequilla. Los cubiertos que van al lado izquierdo del comensal (de izquierda a derecha) son: Tenedor de pescado y ensalada, seguido del tenedor de la carne. La cuchara y tenedor para el postre se pone encima del plato (sobre la mesa). Los vasos se ponen al lado derecho del comensal al lado de los cubiertos de postre, al otro lado, un platico para el pan.


Hábitos de mal gusto
1. Chuparse o morderse un mechón de pelo
2. Morderse las uñas
3. Sentarse con las piernas separadas o con el pie sobre la rodilla
4. Masticar chicle, y más si el ruido que se produce es perceptible y molesto para los demás
5. Tener un cigarrillo en los labios mientras se habla
6. Rascarse o pellizcarse la cara
7. Sacarse los barros delante de otras personas
8. Hacer preguntas indiscretas en voz alta como “¿Perdone es eso una peluca?”
9. Usar rulos para el cabello en público
10. Llevar esmalte de uñas descascarado, uñas partidas y maltratadas, o peor, sucias
11. Una línea demasiado dramática y notable que delimita donde empieza el maquillaje y dónde comienza el color natural de la piel
12. Hablar demasiado en detalle de excentricidades personales: operaciones, enfermedades, neurosis, alergias, etc.

1:38 a. m.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA NO HACER EL OSO EN ZOOCIEDAD

Yo soy una de esas personas que todavía valora el hecho que los hombres le abran la puerta a las mujeres para pasar o subir a un carro. También admiro cuando los hombres se ponen de pie para cederle el puesto a una mujer, o cuando una mujer se retira o regresa a una habitación o a la mesa. Por otro lado, me molesta profundamente cuando la gente hace uso indiscriminado del “tu” como signo de roce social y salen con unos: “Doctor Gustavo, aquí te traigo lo que me pediste” o “Señora González, por acá te esperamos la próxima semana”, y me choca cuando la gente habla con la boca llena o hace ruidos al masticar, entre otras cosas. Digamos que disfruto de los buenos modales y la buena educación. Sin embargo, en estos tiempos los modales y las buenas costumbres suenan a tiempos pasados y a cosas de abuelos, e incluso algunas feministas se han tirado a muchos hombres cultos, al ofenderse o enfadarse por ser bien tratadas.

No sé cuantos de ustedes tuvieron la suerte de formarse atendiendo al pie de la letra las enseñanzas de Manuel Antonio Carreño, caballero en toda la extensión de la palabra y modelo excelso de los buenos modales. Los que lo hicieron, muy seguramente ya identificaron el nombre y sonrieron recordando a “Carreño”, porque cuando uno conoce a Carreño por una u otra razón, no lo olvida jamás.
Carreño, es el autor de un libro llamado “Urbanidad”, que data de 184…y pico, más o menos y que en mi época (por allá en el 89) era de obligatorio aprendizaje. Los que crecimos con él, sabemos que no se debe comer con los codos sobre la mesa, que no se empieza a comer antes que los dueños de la casa empiecen, que la servilleta se pone sobre las piernas (no como babero engarzada en el cuello de la camisa), que los puestos deben cederse a las personas mayores y mujeres embarazadas y que la presentación siempre tiene que ser impecable. Siguiendo los consejos de Carreño puede uno presentarse en sociedad sin temor a hacer el oso, cualquier hijo de vecino que ponga en práctica sus enseñanzas podría pasar por un personaje de gran alcurnia, e incluso una breve leída a su Manual de Buenas Costumbres podría evitarnos pasar vergüenzas cuando estamos pavoneándonos en sociedad.

Hoy quiero salir en auxilio de todo aquél que haya crecido sin esta orientación social o de todo aquél que carezca de elementos de urbanidad o incluso de todo aquél que necesite una “pulida”, para evitar pasar una gran vergüenza frente a los demás, rescatando las reglas básicas de comportamiento, gallardía, caballerosidad, etiqueta y gentileza que debemos observar para ser personas gratas en el ámbito social según el señor Carreño. Es un poco largo, pero para aprender a ser un buen ser social no existe un manual en 10 pasos.

Primero que todo, hay que entender que el hombre es un animal social, y que por ende en todas las circunstancias de su vida este componente se encuentra presente. Es por esto, que es importante saber tratar a las personas que comparten un espacio social con nosotros, bien sea un familiar, un amigo de confianza, un simple conocido o un total desconocido. Teniendo esto presente, podemos empezar por decir que la Urbanidad tiene que ir de la mano con la Etiqueta, la cual es el conjunto de cumplidos y ceremonias que debemos emplear con todas las personas, en todas las situaciones de la vida.

Ahora, no hay que confundir etiqueta con lagartería o lambonería, porque esto es también un detalle de pésimo gusto. No hay nada más deplorable que aquél que exagera la etiqueta, y nos trata con extemporánea y ridícula familiaridad y confianza, porque generalmente delata su poca familiaridad con la misma. Así que es mejor pecar por secos que hacer el ridículo por dárnosla de chabacanes. Sin más que acotar, aquí van los consejos que según Carreño nos puede dejar bien parados incluso frente a los miembros más escrutiñadores de la sociedad.

1. El primer consejo es que siempre que estemos en sociedad e ignoremos la manera de proceder en ciertos casos, lo mejor es seguir el ejemplo de la persona más culta que allí se encuentre, si no hay nadie a la vista que parezca culto, baje el perfil, no trate de llamar la atención de los demás hasta que vea alguna luz. Si definitivamente se ve en apuros, no está mal imitar el comportamiento que adopten la mayoría de las personas.

2. Es de vital importancia comportarse de acuerdo a la edad. No hay nada más penoso que ver un sesentón con los jeans rotos y una colegiala en uniforme pegada a su cuello, o una señora de considerable edad, usando minifaldas o en bikinis que no le entran. Como dice Carreño, hay muchas cosas que se le perdona a la gente joven, pero que en los mayores sólo van en detrimento de su dignidad y generan faltas de respeto y burlas.

3. Si quiere quedar bien en sociedad, mantenga un estricto aseo personal. No sólo cuando se encuentre fuera de su casa, sino también en la misma. La falta del mismo, puede alejar las muestras de cariño de las personas que lo rodean (incluso las más cercanas) e incluso crear un hito alrededor suyo de suciedad. Las normas básicas de aseo según Carreño son las siguientes:

• No entrar nunca a la cama sin asearse un poco y mucho menos si duerme acompañado. Esto puede salvarle el matrimonio o el arrejuntamiento y en caso de que se presentase una urgencia durante la noche, usted estará presentable.
• Hay que bañarse todos los días. Sacarse las lagañas, lavarse los dientes, lavarse el pelo (que nunca se le vea grasiento), el pelo sucio huele a cabeza grasosa y la idea general es no expeler olores desagradables. Importantísimo, decir pelo y no cabello, cabello suena clase baja y lo puede llegar a delatar. Si por razones de fuerza mayor, no pudo darse baño completo, por lo menos hay que hacerse un lavado de gato (Axilas y partes púbicas).
• El uso del desodorante es obligatorio, y si sufre de pecueca (olor de pies) también un talco ayuda. Esto, como dice Carreño con el fin de no ofender a nuestros semejantes.
• El cuidado de la boca es primordial. Nada espanta más que un mal aliento. Lávese los dientes después de levantarse, comer, o si nota que no está muy bueno. Por todos los santos del cielo, NUNCA use palillos o escarbadientes, y mucho menos delante de otras personas.
• Si usted necesita afeitarse es mejor que lo haga a diario, no hay nada peor que esa sombra azul o bozo que empieza a esbozarse en los hombres (y en algunas mujeres). Me permito agregar a las recomendaciones de Carreño, que si usted ya decidió dejarse la barba, hay que guardar especial esmero a la hora de mantenerla impecable y revisar frecuentemente si no le quedó un chorro de café con leche o unas boronas de pan o cualquier otra cosa insertadas en ella. En el caso de tener también bigote, aparte de los mismos miramientos que hay que tener con la barba, hay que cuidar que ningún “ventanero” o moco se instale sobre ella. No hay nada más asqueroso que encontrar tal falta de aseo en un interlocutor.
• El cuidado de las manos es otra cosa importante. Siempre que hayamos ejecutado con ellas alguna operación que racionalmente pudiera hacernos suponer haberlas hecho perder su limpieza, las lavaremos inmediatamente, especialmente si somos observados por alguna persona. También después e ir al baño, hay que lavarse las manos. No hay nada más terrible que le presenten a alguien que usted acaba de ver en el baño y que salió sin lavarse las manos y tener que darle la mano, por cortesía.
• Las uñas son igual de importantes que el resto. Si estas están sucias, usted puede estar vestido de punta en blanco, pero una uña negra, o larga, o mordida, le quitará toda la elegancia que haya planeado mostrar.
• Otra cosa importante es el manejo de las babas. Piense que su saliva, no es algo que la gente quiera tocar y mucho menos, si no existe ni siquiera un conocimiento entre las partes. Cuando pase las hojas de un libro o un documento y más si éstos son públicos, o cuando reparta naipes, no se unte el dedo de saliva para pasar las hojas, no sabe usted cuantas personas han hecho lo mismo y que tipo de enfermedades le pudieron transmitir por ese medio (sino me cree, léase el Nombre de la Rosa). Lo mismo, mantenga su propio bolígrafo, no se imagina la cantidad de personas que se chupan la parte de bajo de los mismos y si usted también lo hace… no le quiero contar el intercambio tan asqueroso que puede encontrar.
• Nunca se meta las manos dentro de la ropa en presencia de otros y mucho menos con el propósito de rascarse, es asqueroso y si después alguien tiene que tocarle las manos, puede ser un poco desagradable.
• Si usted vio que alguien se rascó la cabeza, o salió del baño sin lavarse las manos, o si usted sabe que esa persona tiene las manos cochinas, socialmente se le permite que invente una excusa para no tener que tocarlas. Sea creativo eso si.
• También son actos asquerosos el eructar fuertemente, o eructar silenciosamente mediante la sacada de aire a manera de soplido o de desagüe de viento a través de la boca, esto último es un agravante que hace de la circunstancia de eructar algo incluso más repugnante. Lo mismo es el hecho de escupir, donde el agravante yace en el acto de carraspear fuertemente y formar ruidosamente un cúmulo de flema en la garganta para ser expelido después.
• Jamás debemos acercarnos tanto a la persona con quien hablamos, que llegue a percibir nuestro aliento, por más fresco que creamos que lo tenemos, a veces no es así. Tampoco es prudente sonarse delante de otras personas, y en la medida de lo posible hay que evitarlo. El estornudar, también es algo que hay que cuidar. Si nos viene un estornudo, hay que tratar de evitar que llegue a las personas que nos rodean y en lo posible tratar de estornudar al aire libre, no hay nada más terrible que tener que respirar el aire cargado de estornudo, o tener que oler el mismo.
• Si le están saliendo pelos en la nariz o en las orejas, hay que arrancarlos desde el primer momento y mantener sumo cuidado al respecto. No hay nada más asqueroso que ver un pelo de nariz con ganas de conocer el mundo, o una oreja llena de pelos.
• Hay quienes tienen el horrible hábito de observar atentamente el pañuelo después de haberse sonado. Nunca lo haga y menos en público, le puedo asegurar que ni siquiera sonándose muy duro se le va a salir algo que no tenga o pueda ser expulsado.
• No hay que usar los dedos para limpiarnos la nariz, ni sacarnos la cera de los oídos, ni sacarnos restos de comida, para cada cosa existe una herramienta adecuada para ayudarnos a tales fines.
• Con respecto al vestido, nunca hay que llevar nada roto, siempre hay que usar ropa interior y ésta debe estar limpia, los zapatos siempre deben estar limpios, y si sufre de caspa mantenga extremo cuidado todo el tiempo, para que nadie se la tenga que ver.
• Si tiene las manos sudadas nunca se las dé a alguien más, busque excusas para no hacerlo hasta que se pueda secar la mano. Igualmente, cuando se encuentre en misa y se acerque la hora de dar la paz, trate de secar sus manos si las tiene sudorosas, o de enfriarlas de alguna manera si las tiene muy calientes.
• Nunca le quite comida del plato a otra persona y no comparta nada que haya tocado su boca. El intercambio de comida sólo se permite entre parejas pero sólo en ocasiones muy especiales.
• Si va a dejarle el asiento a alguien en el cual ha estado usted sentado por largo rato, haga ademán de pararse mientras permite que el asiento se enfríe, entretenga a la persona mientras se enfría el puesto, pero nunca mencione el calor del puesto, simplemente disimule, probablemente la otra persona estará pensando en lo mismo.

4. Por otro lado, hay que guardarnos de mezclar jamás en nuestra conversación palabras, alusiones, anécdotas que puedan inspirara asco a los demás y de hacer relación a enfermedades o curaciones poco aseadas. La referencia a purgantes y vomitivos y a sus efectos, está severamente prohibida en sociedad entre personas cultas.

5. Siempre hay que devolver lo que nos ha sido prestado en perfecto estado, o si se puede, en mejor estado del que nos lo prestaron.

6. Siempre hay que pagar las deudas antes de que nos las cobren. No espere a que le manden los chepitos para pagar sus cuentas.

7. No hay que dormir como Dios nos trajo al mundo, siempre hay que usar algo que cubra nuestras humanidades. Dice Carreño que “horrible es el espectáculo que presenta una persona que por haber perdido en algún movimiento su cobertor, aparece enteramente descubierta”.

8. Si alguien nos despierta en la noche por alguna urgencia, nunca hay que poner mala cara o mostrarnos de mal humor. Si nos sentimos así hay que hacer de tripas corazón (piense que no fue fácil para la persona que tuvo que despertarlo el tener que hacerlo).

9. Roncar dice Carreño, es un mal hábito que hay que controlar porque es de pésimo gusto.

10. Nunca produzca ruidos que puedan abandonar las paredes de donde usted se encuentra y que puedan disturbar a sus vecinos.

11. No hay que dormir en exceso, ni perder el tiempo, recuerde que la mente ociosa es el taller del diablo (como decía el señor João Medina, como le gusta que lo llamen después de que estuvo en Brasil). Existe en el libro una escala de sueño. Los niños pueden dormir lo que quieran, los adolescentes entre 8 y 9 horas y los adultos máximo 7 horas.

12. Si en algún momento se topa usted con algo que no debería ver (como una persona cambiándose, o haciendo algo íntimo, o alguna situación que le pueda causar alguna vergüenza), voltee inmediatamente la cara, hágase el que usted no vio nada, de manera tal que la persona no se pueda ofender o avergonzar.

13. Nunca regañe a la servidumbre delante de otras personas (como hacen algunas personas para sentirse superiores o de mejor clase social), ni las trate mal, esto lo único que le puede conseguir, es que el siguiente café le venga escupido.

14. Si tiene algún vecino nuevo, nunca se le aparezca a ofrecérsele, a menos que sea un amigo suyo. Deje que el tiempo y las circunstancias dicten este conocimiento mutuo.

15. Si comparte espacios comunes con otra personas, o estos quedan a la vista de la gente en la calle, nunca deje ver su desorden, es más nunca tenga desorden o algo que pueda ser incómodo o de mal gusto para los demás. Cosas, como no colgar la ropa en la ventana, o poner luces de colores de las que usa en navidad durante todo el año.

16. Por más buena, o churro que estén sus vecinos, o por más curiosos o interesantes que le parezcan, nunca los espíe, ni se siente en frente de la casa o de la ventana, para enterarse de sus vidas.

Si puede aplicar estas primeras enseñanzas a su vida, probablemente logre sobrevivir en el ámbito social, pero estas cosas apenas le ayudarán para convertirse en un ser social deseable, no en un “gentleman”. Además como podrá observar, el hecho de recuperar este libro no es en vano, puesto que a pesar de haber sido escrito en el siglo XIX, las cosas que enseña aún tienen aplicación. La sociedad aún sigue siendo la misma zoociedad de siempre, aunque con más tecnología. Yo conozco unos cuantos que a pesar de su educación (la académica) les vendría muy bien leer algunas de sus páginas, porque aprender a dar los buenos días o las gracias, nunca está de más. Y no olvide que la buena educación no es una cosa genética, no se nace con ella, desafortunadamente se tiene que aprender y si no se cultiva lo mismo da nacer en un pesebre o en una cuna privilegiada, la falta de urbanidad puede ocurrir hasta en las mejores familias. Si después de leer esto aún siente que puede y quiere aprender más, todavía hay más consejos que lo ayudarán a convertirse en todo un profesional en el arte de impresionar en sociedad.

11:33 p. m.

LAS MUJERES COLGAMOS LOS CUCOS EN EL BAÑO



Yo no estoy absolutamente de acuerdo con la teoría que expone que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. Es cierto que existen ciertas diferencias entre ambos sexos, pero siempre se puede encontrar mujeres que saben qué es un “fuera de lugar”, que saben que el cigüeñal es la parte del motor que recoge y transmite al cambio la potencia desarrollada por cada uno de los cilindros y no un lugar donde las cigüeñas tienen sus nidos, y que odian el “tenemos que hablar” tanto como cualquier hombre. Y por otro lado, siempre habrá hombres que sepan que el pelo se debe cortar en cuarto menguante para que se ponga más bonito, que sepan que la talla de los brassieres tiene un número y una letra y que son capaces de comprar un brassier para cualquier mujer escogiendo la talla de espalda y de copa correcta y que como si fuera poco, les encante hablar del estado de la relación, tanto o más que a una mujer.

Que las mujeres tengan un lenguaje de programación más complicado, puede ser, que mujer que no joda sea hombre, tiene cierta veracidad (no total veracidad cabe anotar, pero digamos que el hecho de que los hombres no se enfrenten a mensuales cambios hormonales, los beneficia) pero en cuestiones de géneros no podemos generalizar, porque siempre habrá más de una excepción para confirmar la regla y generalmente esa excepción mostrará que en su mayoría, los hombres y las mujeres provenimos de los mismos simios. A pesar de esto, no deja de llamar mi atención el hecho de que haya cosas que parezcan únicamente inherentes a las mujeres. Después de darle vueltas al asunto, encontré tres situaciones que a mi parecer son absolutamente inherentes a la condición femenina, y que discriminan la práctica de las mismas al género masculino, de manera tal que es muy difícil verlo producirse en cualquier tipo de hombre, ni siquiera en aquellos más allegados al entendimiento femenino.

En primer lugar, las mujeres colgamos los cucos en el baño. A colgar los cucos en el baño nadie nos enseña, simplemente lo hacemos. Nacemos prediseñadas para hacerlo. Lo hago, lo he visto, lo he leído, lo he preguntado y lo he constatado; al final la respuesta siempre ha sido la misma, no importa si son cucos, calzones, bragas, pantaletas, bombachas, slips, culottes, cuecas, mutandi, las mujeres los terminamos colgando en la ducha. También he hecho una pequeña encuesta entre mis amigos gay, y ninguno cuelga los calzoncillos en el baño, es más, lo que más nos separa a las mujeres de los hombres homosexuales (por más femeninos que ellos sean), es que nunca cuelgan su ropa interior en el baño. Yo me atrevería a decir de la misma manera que tanta gente afirma tantas cosas, que mujer que no cuelgue los cucos en el baño es o fue hombre.


En segundo lugar, las mujeres sin importar la raza, la lengua, el idioma, el color, o la preferencia sexual, vamos al baño juntas. ¿La razón? Es un misterio de la naturaleza, incluso para las mujeres. Es decir, una mujer puede contestar qué es lo que hace cuando va al baño con sus amigas, pero muy difícilmente podrá responder por qué fue acompañada de las mismas. Lo que hacemos cuando vamos al baño juntas es muy simple: Hablamos de los hombres con los que estamos pero también de las demás personas que hay alrededor. Nos aseguramos de tener todo en orden, charlamos de dos o tres cosas sin importancia, y volvemos a donde el resto del grupo. En ocasiones las idas al baño en compañía son la excusa para divisar el panorama, hacer reconocimiento de terreno, y dicho sea de paso abarcar más terreno visual, o cubrir todos los frentes lo cual resulta supremamente complicado si uno va sólo. En otras ocasiones se planean cosas sin que los acompañantes se tengan que dar cuenta, y en otros casos simplemente es un hábito y pedimos que nos acompañen sólo por costumbre.

Yo por mi parte soy una mujer que va al baño sola, y nunca habiendo salido sola con un hombre he sentido la necesidad de pedirle a la señora que está sentada en la mesa de al lado, que si tendría la gentileza de acompañarme al baño. Sin embargo, siempre estoy dispuesta a acompañar a quien me lo pida, e incluso puedo desarrollar ganas de ir al baño si alguna amiga me pide que la acompañe, porque así uno no tenga necesidad de ir al baño, el hecho de acomedirse a acompañar a las amigas, implica que uno use los servicios sanitarios. Creo que eso es lo único que puedo revelar acerca de la misteriosa ida al baño en compañía de las amigas, que tanta curiosidad les causa a los hombres aunque me parece que se me pasó la mano en las revelaciones!!!.

El último punto es que muchas mujeres vamos a una tienda y nos medimos todo lo que hay en ella pudiendo ocurrir que al final no compremos nada, así hayamos pasado horas enteras buscando algo que necesitábamos. O puede ocurrir todo lo contrario, que vayamos en busca de algo específico y terminemos comprando veinte cosas que no nos hacían falta excepto lo que íbamos buscando. Ocurre también en muchas mujeres (yo me considero un perfecto ejemplar), que nos medimos todo el armario antes de salir de la casa, y al final nos ponemos lo primero que nos habíamos probado. Pero qué le vamos a hacer, ésa también es una cosa femenina. Pero el punto crucial es que las mujeres pasamos horas escogiendo qué ponernos, buscando ropa, zapatos, maquillaje, etc., pero no es particularmente para que nos vean los hombres, no. Las mujeres en general se visten para las otras mujeres (que son las que al final de cuentas se dan cuenta) y se desvisten para los hombres, que la mayoría de las veces no les tiene con cuidado si uno está estrenando de pies a cabeza o si llevamos puesto el mismo pantalón de hace tres años.

A primera vista, estas cosas podrían parecer nimiedades, pero en mi opinión son estas pequeñas cosas las que a la hora de la verdad hacen creer a hombres y mujeres que somos una raza diferente de humanos, cuando en realidad la diferencia entre hombres y mujeres no es tan grande, lo único que nos separa (a parte de la obvia diferencia física, que al final nos une) son estas pequeñas “extravagancias” de nuestra feminidad.


Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche
Oscar Wilde

2:20 a. m.

LOS BAÑOS: ESE FABULOSO INVENTO

Hubo una época en la cual los baños no se tenían escondidos tras una puerta. Incluso ir al baño era un símbolo social. Los antiguos romanos y griegos incluso inventaron un sistema de baños comunitarios al cual se acudía con el mejor amigo, con la novia, o incluso con toda la familia (incluida la suegra), era plan de domingo si se quiere. Los había de todos los tipos, campestres, que eran para escapadas románticas o para las salidas del fin de semana. Los había comunales donde se reunían grupos de personas por sesiones de 10 minutos o más, los señores a arreglar el Imperio o enterarse de las noticias más importantes (más o menos lo mismo que hacen ahora cuando se encierran con el periódico, pero en esa época con los amigos), las señoras a ponerse al día de los últimos chismes (igual que hacen hoy en día cuando se encierran con el teléfono por horas a charlar con familiares y/o amigas), las parejas arreglaban sus problemas familiares o llevaban a los niños a presentarlos en sociedad (cosa que hoy en día no se hace en los baños, desgraciadamente), y no faltaban los lagartos, los cuales se siguen apareciendo incluso hoy en día hasta en el baño. Los baños en ese entonces eran lo que las cocinas hoy en día.

Banos Comunales Primeros baños

Banos para compartir con amigos y familia
Con el tiempo las cosas cambiaron, en realidad no sé en que punto de la historia, porque esas cosas tan importantes no se dejan consignadas por escrito. Al parecer con la caída del imperio romano, y la entrada a la Edad Media, emitir los desechos corporales se convirtió en un tema tabú y obligó a amigos y familias a retirarse a sus casas a la hora de exponer sus humanidades. Así, en el oscurantismo se cambiaron los fabulosos inodoros comunales por unas bacinillas hediondas, que acababan por vaciarse en la calle, apartando para siempre la idea que “hacer del cuerpo” era uno de los placeres de la vida y conminándolo al destierro social en donde aún hoy en día después de tantos años de iluminación, no ha logrado salir.

Aunque parezca extraño de creer, fueron los franceses quienes iniciaron en 1668 una corrida olímpica por instalar inodoros en todas las casas. El problema fue que esos baños nunca se reemplazaron por nada más moderno y es de ahí de donde viene el “mito” de que los franceses para eso del baño son medio… reticentes, pero yo los justifico. No hace falta sino darse una pasada por cualquier edificio de esa época para identificar que aparte de las capas de pintura que tiene encima, los edificios son los mismos de hace 300 años y que si bien se instalaron inodoros, la idea de poner duchas estaba muy lejos, y con el fin de conservar el valor histórico de dichos inmuebles, nuevas remodelaciones no se llevan a cabo. Esto nos lleva a que en Francia hay mucho edificio con baño, pero muy pocos con duchas.

Pero volviendo al tema que nos incumbe, la creación de los inodoros tuvo varios reveces en la historia, por tratar temas “indecorosos”. No fue sino hasta el siglo XVIII cuando se volvió a creer en los baños, y se empezaron a producir en masa, claro sólo para los que eran considerados “masa” en esa época. Los primeros inodoros que se construyeron eran en porcelana, y eran absolutamente decorados, puesto que la empresa que los empezó a fabricar fabricaba vajillas en ese mismo material, y la costumbre de decorar los platos y vasos se transportó hasta los sanitarios. Todo era cuestión de lujo. Yo me imagino que el slogan para ofrecer los inodoros era el siguiente: “Vajillas e Inodoros en porcelana, decorados y personalizados, porque su digestión merece lo mejor desde el principio hasta el fin”.



Banos de Porcelana, hasta para los gustos más exigentes


Ya en pleno siglo XIX la idea caló, y se expandió a muchos más lugares, sin embargo en los primeros años no existía todavía la idea de los baños dentro de la casa, y sólo muy pocas familias importantes tenían acceso a este lujo en el nuevo continente, pero siempre en lugares apartados fuera de la casa y sin ningún tipo de sistema de drenaje. Pero es que en ese entonces los baños no eran gran cosa, había revoluciones que planear e independencias que buscar, para estar pensando en esas vainas, y así se quedaron hasta ya entrado el siglo XX. Esto me lleva a concluir y me permito decirlo con absoluto conocimiento de causa, que la introducción de los baños en su forma actual, debe ser el resultado de una fregadera constante de las señoras, puesto que aparte de ser incomodísimos, era a ellas a las que les tocaba lidiar con la limpieza de los mismos. Cuando las mujeres finalmente pudieron empezar a molestar y ser tomadas en cuenta, supongo que la primera cosa de la que se quejaron fue del inodoro. Y es que las mujeres creadas anatómicamente diferente que los hombres, necesitaba un poco más de… confort a la hora de ir al baño.

Letrinas del nuevo continente

A mí por ejemplo me han tocado toda clase de baños, desde el que reemplaza el mullido papel higiénico por ramas de árboles, hasta los que vienen precalentados y así como algunas personas exploran la gastronomía de los lugares que visitan para aprender, entender y conocer más de la gente de esos lugares yo exploro los baños con el mismo objetivo. Es más, yo le pongo más atención a la segunda parte de la digestión que a la primera (para mí es tan importante como ésta) y el resultado me ha llevado a descubrir cosas interesantísimas y en ocasiones me han generado grandes enigmas que aún sigo intentando resolver.

Por ejemplo, el detonante de esta simpatía mía hacia los baños, fue el entrar en contacto con los baños alemanes, los cuales tienen una forma tan peculiar que he tratado de entender con los años. Mi investigación me ha llevado a encontrar que a muchas personas (no sólo financistas de gran talante como yo, sino filósofos reconocidos y economistas, entre otros) se han planteado el mismo interrogante con diferentes conclusiones, algunas ideológicas otras de tipo más pragmático y algunas otras de corte más chiflado. La cuestión es que este tipo de inodoros están hechos para facilitar la extracción manual de lo que allí se deposita sin mayor dificultad. Aunque tienen sistema de drenaje como cualquier otro baño. Conseguir una foto de los mismos fue una tarea extenuante, pero gracias a algunos compañeros que comparten mi misma inclinación la pude obtener, y éste luce más o menos así:


Baño Alemán (El Quitasueño)
A cada cual de buscar sus propias respuestas. Otros inodoros que llamaron mi atención fueron los llamados “baños turcos” que abundan en toda Europa, y que después de realizar esta ardua investigación, me enteré que son el modelo preferido en Asia. Para entender como son de diferentes ambos mundos, sólo falta entrar a un baño de uno u otro lado del planeta. Al parecer en cuestión de baños la gente si entiende que somos culturalmente diferentes, y muchos de estos baños tienen instrucciones para los visitantes que no entiendan su funcionamiento (lo cual hubiera sido bastante útil para los soldados rusos que llegaron a Austria en la II Guerra Mundial, y pensaron que los inodoros era refrigeradores para conservar la comida), y en muchas ocasiones para los locales que ante la introducción de tecnologías extranjeras pueden cometer algunos errores a la hora de usar esos nuevos instrumentos.


Baño Turco (Francia)


Banos asiaticos (se usa mirando la palanca)

Instrucciones para un Baño Chino

Dicen por ahí que una persona que vive 75 años pasa dormido una tercera parte de su vida o sea alrededor de unos 25 años. De esos mismos 75 años pasa (hice las cuentas a razón de 20 minutos por día) casi un año entero en el baño, sin interrupciones, o más según sea el caso. Si mis cuentas están bien, y he de pasar tanto tiempo en el baño, estoy absolutamente de acuerdo con lo que Gabriel García Márquez escribió alguna vez, que la gente se divide entre los que cagan bien y los que cagan mal, y aunque su sentido no sea el mismo que el mío, a mí siempre me ha gustado hacer bien las cosas, y esta no será la excepción. Sea como sea, doy gracias al cielo por la creación de los inodoros y la tecnificación de los mismos y me propongo indagar en lo más profundo de la historia hasta obtener las respuestas que asaltan mi mente y la mente de cuanto mortal sea asaltado por los misterios de ese amigo fiel que es el inodoro. Es más, desde hoy y aquí mismo, fundo el club de fans del inodoro y del papel higiénico (compañero inseparable), y cualquier conocimiento extraordinario sobre el tema será recibido con absoluto beneplácito. Sólo un último comentario, “la historia de los pueblos, es la historia de sus baños”.

11:30 a. m.

Rogelio Rojas: No te vayas por favor

Existen algunos temas que por la condición femenina de los mismos los hombres nunca llegarán a entender, o no los tienen claros, por lo cual me siento en obligación de hablar sobre ellos. Uno de los temas más despreciados pero más cercanos a cada hombre y mujer sobre la tierra es la visita mensual que le hace a las mujeres “Rogelio Rojas”, (como lo habrán podido experimentar los hermanos de niñas que entran a la edad de merecer, los novios de las mismas y los esposos de las que felizmente merecieron). Sin embargo, al parecer para muchos, el tema se vuelve completamente ajeno o extraño cuando la visita no llega, sino que deja de llegar, y al final no vuelve definitivamente. Por ejemplo, me encontré hace poco con un artículo escrito por un hombre, en donde decía que los años aliviaban a las mujeres de sus desventuras y que convertían en un punto a su favor lo que antes habían tenido por contrario, lo cual es absolutamente inexacto, y no puede provenir, sino de una condición masculina.

Cuando Adán y Eva pecaron, Dios condenó a Adán y a su descendencia masculina, a salir del paraíso y a tener que trabajar arduamente con el sudor de su frente para pagar por su pecado. En el caso de Eva, como fue la autora además de material, intelectual del pecado, la condenó a ella y a su descendencia femenina, a pagar su falta con sangre, pero para que no murieran en el acto, las condenó a pagar su deuda en cómodas cuotas mensuales. Y es que la visita de Rogelio Rojas, es una cosa jartísima, y cuando uno a los 12 años (más o menos), piensa cuántas veces tendrá a este indeseable invitado durante la vida, la cuenta es aterradora: más o menos (haciendo cuentas alegres) conocerá uno dicha visita unas 500 veces en la vida, lo cual es bastante desalentador.

Pero después del primer año, y exceptuando uno que otro paseo arruinado, o chasco presentado, uno no se desvela por la idea de la misma, es más, lo que le puede quitar a uno el sueño es más bien la ausencia de ésta. Pero a pesar de todo lo malo que se pueda decir, ella es la circunstancia que le da a la mujer la posibilidad de ser mamá, es muestra de salud, y lo más importante, permite excusar comportamientos caprichosos bajo el argumento de que “quiero tal cosa, porque estoy sensible; o no quiero tal cosa, porque estoy sensible; o, “hay que tenerme mucha paciencia porque estoy sensible”, y cada mujer sabe que eso no es ninguna desventaja.

Sin embargo, perder la visita mensual, me refiero, a para siempre, es realmente duro. Empieza todo con una racha de calores insufribles, aún en los climas más gélidos, que no se calman con nada y que son capaces de enloquecer a cualquiera. Le siguen unas descompensaciones emocionales, que ya nadie atiende, porque ya no hay motivo para estar sensible. La memoria empieza a jugar malas pasadas, y se encuentra uno señoras en la puerta de la casa, que no saben si están entrando o si van saliendo. Estas descompensaciones se unen a la idea atávicamente temida de la vejez, y de la “sejuela”, que hacen más daño en el organismo, que un cólico insufrible, para el cual existen miles de medicamentos, bolsas de agua calientes, y demás remedios caseros, porque llegar a la menopausia, es realmente el momento en que todo empieza a ponerse color de hormiga. Cabe mencionar que la menopausia, es una idea a la que la mayoría de las mujeres se resisten, y que tratan de evitarla lo máximo posible, con lo cual los síntomas empeoran, porque tener que empezar a usar estrógenos, que hacen doler la cabeza, que pueden causar ansiedades temerosas y enfermedades peligrosas ocupa, sí, muchas horas de sueño, y de tranquilidad.

Para los que creen que los hombres la pasan más mal cuando entran en años, por la caída inevitable del pelo de zonas donde debería estar y la aparición de pelo en zonas en que no debería nacer, por la desfondada de la barriga, o por la impotencia o inapetencia sexual, deben saber que en el caso masculino, la andropausia o “menopausia masculina” tiene unos síntomas bastante más llevaderos: calores, pero causados por las niñitas de 20 y en la mayoría de los casos, calmados por la noviecita de 20. Descompensaciones emocionales, fácilmente curables con un buen frasco de Viagra. Envejecimiento, lo cual no es una desventaja en el hombre, sino un punto a su favor, con eso de la percepción que se tiene de que los hombres mientras más años, más interesantes. Al que le moleste esa forma de envejecer que tire la primera piedra!!!!

Quiero anotar (para los que estaban viendo ya muy claro) que a pesar del hecho que recibir la visita cumplidamente cada mes no sea peor que no volver a recibirla, esto no le quita mérito a la primera, y no por esto, hay que dejar de consentir a las mujeres, paladearlas, comprenderlas, y seguirles la cuerda por absurdo que parezca puesto que también se pasa muy mal. Teniendo esto último muy en cuenta, hago un llamado a todos los hombres y a todas las mujeres, para que cuando sus mamás les empiecen a sacar en cara las horas de labor de parto que pasaron tuviéndolos, o cuando las tías, abuelas, primas, novias o esposas se pongan “cansonas”, cuenten hasta diez, y las ayuden con amor y paciencia, sobre todo mucha paciencia, a superar la dolorosa aflicción que se siente cuando Rogelio Rojas, ha dicho para siempre: “Adiòs”.

12:12 p. m.

Maldito seas Monserrate, me quedé solterona

Al principio pensé que sólo era una de esas creencias de abuelas que corren de generación en generación y que terminan convirtiéndose en mitos, sin mayores signos de veracidad. Sin embargo, haciendo una recapitulación de mi vida sentimental desde que subí a Monserrate con mi amado novio de aquellos años mozos hasta hoy, pude confirmar la autenticidad de la terrible maldición sabanera que cae sobre los enamorados que ascienden piadosos a encomendarse al Señor caído, o simplemente a divisar la mejor vista de la ciudad: “El que sube a Monserrate con su novia, no se casa”.
Hoy cinco años después, ¿cómo estoy? Pues soltera, porque gracias a Monserrate nunca me casé con el novio con el que osé subir a sus tres mil y pico metros más cerca de las estrellas (y más lejos del altar), a pesar de que era un candidato infalible para cumplir con ese papel en mi vida. Pero como si fuera poco, la maldición no paró ahí, no. No sólo no me casé con él, sino que mi vida sentimental desde ese día ha sido escabrosa, un fracaso tras otro y no tengo ninguna esperanza de contraer matrimonio ni en el corto, ni en el mediano, ni en el largo plazo.
Y no fue coincidencia, porque puedo afirmar con conocimiento de causa que aquél pobre hombre que inocentemente fue conducido a Monserrate como parador obligado del paseo por Bogotá, también sufrió las terribles consecuencias de haber desafiado su poder, no se casó conmigo y al igual que yo, anda solitario por el mundo en busca de amor, amor que probablemente nunca vamos a encontrar.
Lo peor de todo es que cometí tamaño error por falta de información. Cómo podía saber yo que Monserrate representaba un peligro inminente para mi amor y mi futura vida sentimental. Yo nunca me enteré cuándo cambiaron los tiempos en que “el que a Bogotá no había ido con su novia a Monserrate, no sabía lo que era canela ni tamal con chocolate” y se convirtieron en que “el que sube a Monserrate con su novia no se casa”. Si lo hubiera sabido, habría ido a visitar cualquiera de las ochocientas mil iglesias que existen en cada barrio de Bogotá, y por lo del mirador, hubiera ido a la Calera, que es regio, le venden a uno mejor traguito y mejor mazorca que en Monserrate.
Yo todavía no me recupero del golpe que tan desdeñosa y traicioneramente me dio Monserrate, y por ende Bogotá.. Nunca hubo una manifestación de su parte que pudiera advertir o dar una leve idea sobre qué esconde en realidad esa inofensiva montaña. Es que ese tipo de cosas se tendrían que avisar. Tal maldición amerita letrero en neón en el funicular y en el teleférico, e incluso letreros insistentes en las escaleras, que cada ciertos metros adviertan al inocente visitante, el peligro inminente que se está a punto de correr, si se llega a la cima con el ser amado.
Lo único bueno que me quedó de todo esto, es que ahora sé que el problema no soy yo y sólo me queda esperar a que Monserrate me devuelva lo que Monserrate me quitó: el amor, o que me dé un marido cuando menos. Desde hace un par de meses que me enteré del horrible secreto que esconde ese lugar, espero fielmente cada domingo en sus puertas y en ocasiones en los andamios de su imponente reinado sobre la capital colombiana, a que me mande un ejemplar de su mejor cosecha, un penitente, un pecador, un turista o inclusive un atleta viril, de esos que veo subir incansablemente las inclinadas escaleras de Monserrate, cada fin de semana.

12:20 p. m.

7 Razones por las cuales el vallenato incita más a la infidelidad que la salsa

Partiendo del hecho, que tanto el vallenato como la salsa son bailes románticos y cargados de sentimientos y en esencia sirven para lo mismo, un análisis exhaustivo sobre su influencia sobre la infidelidad, me ha conducido a formular las siguientes 7 razones, por las cuales el vallenato incita más a la infidelidad que la salsa.

1. Un Vallenato tiene una duración entre 2.30’ y 3.80’, mientras que una salsa puede durar entre 4.27’ y 8.17’. De lo anterior se puede concluir que como el vallenato dura menos, en una noche de parranda vallenata se puede bailar con más parejas que en una inocente fiesta a punta de salsa.
2. Con lo anterior, se puede concluir que una salsa, permite un conocimiento más profundo del individuo que está al otro lado de nosotros, y puede dejarnos entrever que el sujeto o la sujeto en cuestión, no es el o la indicada, lo cual puede alejarnos de aquéllos contactos que no quisiéramos haber tenido y que llevan a la infidelidad “ni siquiera deseada”.
3. El vallenato a diferencia de la salsa, habla de la infidelidad como un estado natural del hombre, en donde se piensa que la infidelidad en el hombre “casi no se nota” (los conocedores de vallenato sabrán de lo que hablo), por lo cual, al hombre no se le debe culpar sino entender. En la salsa en cambio, el cantante está dispuesto a reconocerle a su amada que la embarró al haberse enamorado de otra mujer, y hasta saldrá con excusas pendejas como que se parecía mucho a ella y otras justificaciones de poco peso, pero siempre está dispuesto a pedir perdón y seguir con su bella dama, si ésta puede perdonarle el desliz.
4. En el vallenato se da por descontado que todo lo que se mueva y pueda ser considerado mujer es blanco, así estas estén casadas, o comprometidas. Por lo tanto, en fiesta vallenata que se respete, la mujer de otro no se respeta. Así, a punta de guacharacha y acordeón se proponen no conquistarla, sino arrebatársela al dueño de sus noches, cabe decir, esa misma noche. Es propio recalcar que la dama cae fácilmente, en el ambiente vallenato, con lo cual las posibilidades de conquista no se reducen a una sola. En la salsa por el contrario, el salsero sabe que tiene que ganarse a la dama con todo el bagaje de méritos, y la fémina en cuestión se escoge delicadamente. Aquí nada está ganado, ni nada es seguro, toca hacer la corte completa, con lo cual, al tener que utilizar más tiempo para una sola conquista, se reducen las posibilidades de levantárselas a todas.
5. El vallenato implica que el baile sea ciento por ciento pegado permitiendo acaso respirar un poco pero no mucho, lo cual implica que se genere un ambiente denso y propenso a “eso” que huele a infidelidad, entre los dos comensales. La salsa a diferencia del anterior, permite gran acción musical sobre la pista de baile, aquí no se trata de una cosa de contacto, sino que permite despegársele a la pareja, e incluso bailar lo suficientemente alejado de ésta, utilizando el viejo método del brazo atravesado entre los dos cuerpos (que algunas mujeres conocemos tan bien), si la cosa se está poniendo “pegajosa”, pero ¿cómo se suelta uno de un vallenatero que lo tiene a uno agarrado? No se han inventado formula alguna para salir airosa de esta odisea .
6. De lo anterior también se desprende otra consecuencia, en el vallenato, el señor puede manosear a cuanta vieja saca a bailar, y ya dijimos que pueden ser muchas en un sólo jolgorio. Lo cual es un poco más difícil en el caso de la salsa, puesto que toca esperar a que salga “la” canción que permite el acercamiento, rogar para que la pareja no le meta el brazo en el medio, y otros cuantos procesos que pueden ser un tanto... desgastadores.
7. Una parranda vallenata implica obligatoriamente, “la mamada de ron”, y ya saben lo que se dice, mujer borracha...., por el contrario, uno se puede reunir a bailar salsa por el placer de bailar salsa, por el arte de los pasos nuevos, de los ritmos nuevos, del show. ¿Habráse visto que uno se reúna al calor de unos vallenatos por el placer del show?

12:32 p. m.

Las mujeres son de carne y los hombres de hueso

1.
Te tengo que contar. Estoy tan apenada que ni siquiera puedo hablar del asunto. ¿Te acuerdas que te dije que ayer era el día de la premiación y que iba a ser el día más importante de toda mi carrera? Pues pasó de ser el mejor día de mi vida a ser la peor vergüenza de la historia. Al principio todo estuvo muy bien. Cuando entré todo el mundo tenía que ver conmigo. Unos se me acercaban para hablarme, entrevistarme o tomarme fotos. Otros me miraban para admirarme, porque estaba despampanante. Me puse el vestido blanco que me acompañaste a comprar. Y no te imaginas los zapatos que me regaló Manuel. Tú sabes que a mi me conquistan por los zapatos y que unos zapatos feos no los perdono. Acuérdate del matrimonio de Mimí. Yo nunca había visto tal despliegue de elegancia y de buen gusto. Y Mimí estaba preciosa, pero de los tobillos hacia arriba, porque los zapatos, eran horribles. ¿Cómo se casa uno con esos zapatos? Yo creo que le tocó ponerse esos tacones tan altos, porque con los nervios por la boda, Mimí se encogió, y el vestido le quedaba tan largo, que no hubo más remedio que usar esos esperpentos. Es que los nervios son desastrosos. ¿Te acuerdas cuando me iba a casar con Manuel, que de los nervios estaba reteniendo agua y que no me cabía el vestido, así que tomé esos diuréticos que me hicieron perder más agua de la necesaria y pasé de calzar 37 a 35 ½ en cuatro días? ¿Si a mi se me encogió el pie, porque Mimí no se pudo enjutar? A todas estas, la que está bien enjuta es la ex novia de Manuel. La vimos hace dos semanas, y parecía otra. Se adelgazó como 20 kilos y parece que le tocó quitarse los implantes. Obviamente perdió el encanto. Hablando de encantos, me contaron de una bruja que es súper acertada, tenemos que ir. Te lee la palma y las arrugas de la mano, aunque con la crema que estoy usando, no me va a ver ni una arruga, y eso que a mi edad los años empiezan a hacer estragos. A propósito de estragos, te dejo porque los niños están desbaratándome la casa. Chao.

2.
Elisa está inconsolable. No te imaginas lo que le pasó anoche. No sabemos cómo, ni de dónde vino la información, pero se corrió el chisme que Elisa era la ganadora, y todo el mundo la trataba como tal. Tanto así, que los mismos organizadores la sentaron en la mesa de premiación en el puesto del ganador. Cuando se abrió el sobre, dijeron que la ganadora era Elisa Aristondi, y todos pensamos que habían escrito o leído mal el Arizmendi. De repente se paró una mujer y en frente de todos los periodistas dijo que ella era Elisa Aristondi y que era ella y no mi esposa la ganadora del premio. Pobre Elisa. Voy a comprarle unos zapatos a ver si se anima. Chao.

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