Me decía mi amiga Rocío esta mañana, que lo mejor que le pudo pasar en la vida era haber cogido el vicio del cigarrillo y que ella nunca lo iba a dejar. Que prefería morirse por fumar, a vivir la aburrida vida que vivían los no-fumadores. Su tesis se basaba en que los mejores momentos de su vida los había pasado al lado de un cigarro, y me llevó a almorzar para probarme su teoría.Estando en el bar-restaurante donde fuimos a comer, me dijo mi amiga que mirara a mi alrededor. La gente que fumaba siempre estaba hablando, y en la mayoría de los casos riéndose y disfrutando de una buena velada. Las parejas que fumaban se veían más cercanas, a diferencia de los no-fumadores quienes a pesar de ser más saludables, no mostraban tal condición en su actuar. Y era verdad, la gente que estaba fumando, estaba feliz y en la gran mayoría de los casos: acompañada. La gente que no estaba fumando, se quedaba varios minutos sin decir nada, y algunos no retomaban la conversación durante la mitad del almuerzo.
Entre los solitarios que había, estos o estaban en la barra fumando y hablando divertidos con el barman (porque el cigarro crea lazos sociales y acompaña, especialmente cuando se acompaña de un trago), o estaban aburridos en una mesa alejada, leyendo y releyendo el menú o cualquier papel con algo escrito, sacando y metiendo cosas de sus carteras y maletines, y en el mejor de los casos, hablando por celular (ese magnífico invento para evitar sentirse solo en lugares públicos), pero no se les veía felices.
Me dijo además mi amiga que el cigarrillo hacía amigos, creaba camaraderías, estrechaba relaciones, entre otros muchos beneficios y además sostenía que ella “sólo fumaba socialmente” y para mí sorpresa era verdad, puesto que siempre que una la veía fumando, ella nunca estaba sola, y si ella o alguien llegaba solo a fumarse un pucho, rápidamente encontraba amigos con quien poderlo hacer, haciendo de su vicio una razón más para compartir y conocer nueva gente.
Me dijo además mi amiga que el cigarrillo hacía amigos, creaba camaraderías, estrechaba relaciones, entre otros muchos beneficios y además sostenía que ella “sólo fumaba socialmente” y para mí sorpresa era verdad, puesto que siempre que una la veía fumando, ella nunca estaba sola, y si ella o alguien llegaba solo a fumarse un pucho, rápidamente encontraba amigos con quien poderlo hacer, haciendo de su vicio una razón más para compartir y conocer nueva gente.
Tan importante había sido para ella el fumar, que me aseguró que gracias al cigarrillo había conocido sus mejores amistades y obtenido sus más grandes éxitos. Ha sido “fumándose un pucho” cuando se ha enterado (antes que todos los demás) de todos los chismes y noticias importantes, cuando ha conocido a la gente más influyente en su carrera, cuando ha cocido los mejores planes, planeado las fiestas más exitosas y creado sus alianzas más estratégicas. Me dijo incluso que su último ascenso se gestó a la hora del cigarro. A mi amiga el cigarrillo la ha llevado hasta donde ha llegado. Después del almuerzo, mi amiga se despidió de mí a la entrada del trabajo (puesto que el edificio es un lugar libre de humo) y fue a reunirse con el grupo que allí se encontraba fumando, conformado por un vicepresidente, dos gerentes y dos directores de área, a quienes saludó de beso y quienes sonriendo y bromeando, le regalaron fuego.
Debo confesar que en toda la tarde no he podido concentrarme en otra cosa y admito que envidio la suerte y popularidad de mi amiga. Llegué a la conclusión que yo, no sólo había malgastado años enteros tratando de hacer amigos de la manera que yo pensaba era la convencional, sino que había adicionalmente malgastado muchos años de vida laboral TRABAJANDO, esperando que mi dedicación brindara sus frutos y el reconocimiento profesional que yo esperaba, cuando lo que tenía que haber hecho era tomarme más breaks.
Así que después de mucho analizar, llegué a la conclusión que después de terminar de escribir esto me voy a la tienda, me compro un paquete de cigarrillos y en el break de las 4 me voy con Rocío, con mi jefe y otros compañeros de trabajo a celebrar con un “pucho” sus más recientes ascensos en la organización.
Así que después de mucho analizar, llegué a la conclusión que después de terminar de escribir esto me voy a la tienda, me compro un paquete de cigarrillos y en el break de las 4 me voy con Rocío, con mi jefe y otros compañeros de trabajo a celebrar con un “pucho” sus más recientes ascensos en la organización.

