11:42 a. m.

Capítluo 5 (Alternativo)

Tengo un dolor de cabeza que me está matando, y una sed insoportable. Cuánto tiempo más me tendrán aquí?. Además tengo la espalda molida y eso que me dieron la mejor cama del lugar. Es la segunda vez que amanezco en una estación de policía, pero cuando se tiene 18 años, el colchón y la almohada de piedra no hacen tanto daño como cuando se tiene 40. Por Dios, en qué momento cumplí cuarenta años y cómo carajos un tipo como yo, empieza a sufrir de ciática justo el día que tiene que dormir en una celda?

Si tan solo me dieran unas aspirinas, pero no me pueden dar nada hasta que lleguen los resultados de toxicología, o por lo menos nada que ayude. Tengo tanta confusión en mi cabeza, tengo recuerdos lejanos de cosas que ahora no sé si pasaron o no, cuánto de lo que recuerdo es cierto y cuánto es producto de mi imaginación?. Mi mujer asesinada por mis propios brazos, la murga en la calle persiguiéndome, el tipo de la plaza, la explosión, Clara apareciendo y desapareciendo en mi mente a cada instante, acaso fue todo esto cierto?

Según me dijo el sargento que me despertó esta mañana, me encontraron deambulando como loco por la calle, con la ropa destrozada y sin zapatos. Al parecer me dieron escopolamina, burundanga* como le dicen comúnmente, y aún no saben quién soy porque me robaron todo lo que traía encima. No encontraron ni billetera, ni ningún indicio de quién puedo ser, o de cómo poderme identificar. Como me dijo el sargento: “Don N.N., como que le hicieron el paseo millonario, le robaron hasta el anillo de matrimonio, es que hoy en día no le respetan a uno ni eso”. Durante la peor parte de mi delirio no dejaba de mencionar a mi esposa, por lo que ellos piensan que estoy casado. El sargento me dijo que no me preocupara, que la amnesia era normal. –En estos casos, muchas víctimas pasan incluso días sin recuperar la memoria, pero al final siempre vuelve–. Ojalá yo pudiera perder la memoria para siempre, para no tener que recordar.

Quisieran llamar a algún familiar o a algún conocido, pero yo no les digo nada, y ninguna denuncia de desaparición coincide con mis características. Si les dijera que ya recobré la memoria tal vez intentarían llamar a mi casa y descubrirían que mi esposa ya no está. Y si piensan que ella estaba conmigo y que los que me hicieron esto se la llevaron a ella?. No sé, tengo que pensar. No sé qué hacer, lo primero sería tratar de encontrar a mi mujer, pero cómo hacer para salir de aquí?

* La escopolamina es un fármaco usado frecuentemente con fines delictivos. Se utiliza mezclada con depresores del sistema nervioso central en una mezcla conocida como “burundanga”, que al ser absorbida ocasiona un estado de pasividad completa de la víctima con actitud de "automatismo", recibe y ejecuta órdenes sin oposición, desapareciendo los actos inteligentes de la voluntad y la memorización de hechos, lo cual es aprovechado por los delincuentes. En algunas personas puede causar desorientación, excitación psicomotriz, alucinaciones, delirio y agresividad. Nota del Autor.

11:36 a. m.

NOVELA EN 10 CAPÍTULOS - CAPÍTULO 1

Esta canción y este Capítulo se complementan mutuamente. Si se lee la historia al mismo tiempo que comienza la canción, se entenderá por qué.

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No sé por qué, me encontré yendo para mi casa unas horas más temprano que de costumbre. Aún era de día. Hacía muchos años que no salía de la oficina cuando aún era de día. Era una sensación que casi había olvidado.

La gente que veía a mi alrededor era diferente a la gente que solía ver cuando salía de mi oficina en la noche. A diferencia de estos, todos estaban llenos de vida y de felicidad, hablaban y reían con sus acompañantes, se abrazaban y besaban en la calle, caminaban más despacio e incluso algunos se paraban a oír las canciones tristes que entonaba un hombre viejo sobre la carrera séptima, provocando que la multitud allí reunida, hiciera aún más difícil el paso por las congestionadas aceras del centro de Bogotá. Recuerdo que ese mismo señor me impactó mucho hace quince años cuando recién entré a trabajar en el ministerio. A pesar de ser ciego, tocaba el acordeón con tal gracia, que me hacía soñar con lugares lejanos, con historias de amor, con romances ocultos, con mejores épocas en mejores lugares y con otras compañías. Hoy me volvió a sorprender el encontrarlo allí, porque hacía mucho tiempo que había dejado de oír su música, o de siquiera notar su presencia, pese a haber estado en el mismo lugar cantando las mismas canciones, durante todos estos años.

Hoy el mundo se presentaba diferente. Noté que las personas que había visto pasar miles de veces desde la ventana de mi oficina, hoy se detenían ante mí y por primera vez no me eran ajenas; y me daban ganas de vivir y de ser parte de aquello de lo cual eran parte ellos; del ruido de la ciudad, del bullicio de la multitud, del tráfico, de las ventas callejeras, de la música que provenía de las vitrinas de los almacenes, de las historias que contaban los cuenteros de pueblo en medio de la gran ciudad, de los niños que les daban de comer a las palomas en la plaza de Bolívar y de las indias que tejían guantes y amamantaban indiecitos en frente de la catedral.

De repente la vi. Anonadado como estaba con esta Bogotá que no veía hace años, me sorprendió encontrarla. Era la misma mujer con la que había soñado durante muchos años, la que había amado en secreto, la que había hecho mía una y mil veces en sueños, en el tiempo en que no me atrevía a conocerla. No podía creer que la estuviera viendo de nuevo, ahí, en frente mío, tan cerca que podía tocarla si lo quisiera (y lo quería). Era como si nunca se hubiera ido, como si todos estos años de llorarla en silencio, no hubieran sido en vano. Sentía las típicas mariposas en el estómago que sólo ella me hacía sentir, me costaba respirar, no podía creer que se apareciera ante mí, cuando por fin me había hecho a la idea de haberla perdido para siempre, cuando por fin había dejado de buscarla.

Me saludó como si me conociera. En efecto me conocía, no sé cómo, pero me conocía. Me llamaba por mi nombre y me decía lo mucho que había esperado este momento. Me contó cómo solía seguirme después del trabajo o durante la hora del almuerzo, para saber cómo era mi vida cuando estaba sin ella. Me contó cómo se había dedicado a conocerme desde la distancia. Cómo sabía cuál era mi estado anímico con sólo mirar los gestos que estaba haciendo. Sabía que estaba pensando algo serio si cerraba un ojo y me quedaba así un rato, o sabía que tenía que mover la mandíbula frecuentemente, como si se me hubieran tapado los oídos. Sabía que preguntaba la misma cosa diez mil veces, con tonos diferentes, de manera que sonara a que fuera la primera vez que la preguntaba, hasta que obtenía la respuesta que yo quería oír. Sabía de mis varios intentos fallidos para dejar de fumar, e incluso sabía que en uno de ellos, como medida desesperada, había dejado también de tomar café, para cortar la conexión que existe entre el café y el cigarrillo. Me decía que esta vez no me iba a perder, que ya una vez me había perdido por no haberse animado a acercarse a mí, y que dicha falta de coraje no le volvería a faltar.

Después de oír lo que tantas veces yo mismo no me animé a decir, me dejé llevar. Esto significaba que no lo había soñado yo solo. Ella me había amado tanto como yo a ella, durante todos estos años me había deseado como yo a ella y me había venido a buscar donde tantas veces no se había atrevido a encontrarme. Cada minuto con ella era como estar una eternidad en el paraíso. Besé cada milímetro de su cuerpo, su piel era más suave de lo que jamás hubiera imaginado. Sus senos eran firmes pero tiernos, su cuerpo me recibía como si hubiera sido creado para mí. Sus labios eran fuentes de placer cuando tocaban mi cuerpo y se movían suavemente sobre él. Su pelo liso y suelto se enredaba en mi vida, atando mi alma a ella. Mis brazos eran extensiones de sus deseos y sus ojos dirigían todos mis actos y me dejaban sin voluntad.

Perdido como estaba en ella, no pude ver de dónde salió este ser que me tomaba por detrás y me sacudía con violencia, mientras a ella la golpeaba y la apartaba tan lejos de mí como podía. Sin saber a ciencia cierta quién era o por qué nos atacaba, yo sabía en el fondo que su presencia significaba el fin de este idilio en el que me habría gustado perderme por el resto de mi vida y me lastimaba inmensamente ver cómo intentaba a toda costa separarme de mí único y verdadero amor. Un sentimiento de impotencia y de rabia se fue apoderando de mí, hasta cegarme por completo y provocar en mí un odio y una fuerza tal que no puedo explicar, lo único que quería era defenderla y defender nuestro amor. No sé cómo ni en qué momento pude soltarme de él, ni cómo logré poner mis manos alrededor de su cuello, asfixiándolo lentamente y desvaneciéndolo frente a mí.

Cuando desperté, aún tenía su cuello entre mis manos y ella yacía en ellas inmóvil, angustiada, muerta. La solté aterrorizado y sentía que las manos me ardían inmensamente de tanta presión que habían hecho. Cuando al fin tuve conciencia, me di cuenta que el cuerpo de mi esposa reposaba sin vida al lado mío. Había acabado con su vida mientras ella trataba de despertarme de lo que pensó era una pesadilla. Mis manos la habían matado, en mi intento de salvar a la mujer con quien en sueños la engañaba.


CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 3

CAPÍTULO 4

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 8

2:03 p. m.

DE QUÉ SE RIEN LOS CHINOS?

Cada vez que veo un chino (chino para el propósito de este artículo es todo lo que venga de Asia y tenga el ojo rasgado), no puedo dejar de preguntarme: “de qué carajos se estará riendo este chino?”, porque siempre se están riendo de algo y me muero de la curiosidad y de la envidia, por no saber qué les causa tanta gracia y por qué?.

Uno los ve por ahí turisteando y siempre se están cagando de risa. Cómo se caga de risa un chino? Le murmura al de al lado unas frases o sonidos ininteligibles para el oído no-chino, unos ong-tong, hang-bong, utu-zha rarísimos; lo mira como pidiendo aprobación y una vez la obtiene, con la mano sobre la boca y con movimiento sistemático ascendente y descendente de la cabeza se dispone a reírse; tímidamente, casi para adentro, pero con muchas ganas. Nunca es una gran carcajada, pero al verlos, uno sabe que se están matando de risa y lo que es peor, que podría ser de uno.

Tanta ha sido mi curiosidad, que he llegado a depositar horas y horas de mi valioso tiempo de ocio y en algunas ocasiones, de mi aún más valioso tiempo productivo, desarrollando todo tipo de explicaciones lógicas a tal fenómeno. Incluso hasta hoy, movida por mi elaborado pensamiento cartesiano, estaba segura que su cultura ancestral los hacía descubrir cosas maravillosas en los detalles más simples, que su yin y su yan los mantenía en perfecto control de su buen humor y que incluso su filosofía oriental superior, hacía a sus espíritus más inocentes (cercanos a la perfección del que desconoce) y por ende, que se maravillaban alegremente con todo cuanto veían por las calles y que por eso reían. Nadie podría imaginar el tamaño de mi decepción, cuando descubrí que todos estos años invertidos en desarrollar tales explicaciones, habían sido una pérdida total de tiempo, que estaba equivocada y que todo ese esfuerzo mental, no me podía tener más lejos de la realidad.

La razón por la cual los chinos se ríen todo el tiempo de cosas que uno no entiende, es mucho más compleja que cualquier posible explicación que hubiera podido provenir de mí o de mi entendimiento, porque supera el límite de lo sobrenatural, y es que los chinos “tienen el poder de ver cosas que uno no ve”. Sus características físicas los hace acreedores de poderes especiales, evidentemente, no concedidos al resto de la humanidad.

Es por eso que los chinos siempre andan hablando de ver más allá de las cosas que están a simple vista y toda su filosofía versa alrededor de encontrar el sentido de las cosas que tenemos en nuestras propias narices y lo que viene a este caso, que se mueren de risa cada vez que lo encuentran. Los demás mortales oímos esas filosofías, las estudiamos, o lo que es más patético, algunos incuso forman su vida alrededor de todas esas patrañas, hacen videos, escriben libros, hacen películas, se convierten, creen hallar la luz en la milenaria sabiduría oriental, mediante la explicación “espiritual” de la misma; cuando de lo que se trata toda esta parafernalia oriental, es de ver las cosas con ojos orientales para descubrir cosas maravillosas. Literalmente, VER LAS COSAS QUE ESTÁN EN NUESTRAS NARICES CON OJOS ORIENTALES!!!!

Sé que suena difícil de entender lo que he dicho, y es que efectivamente lo es, a menos que uno vea el mundo con ojos “achinados”. Yo los invito a que de ahora en adelante vean las cosas con ojos orientales, para que puedan descubrir que el mundo está lleno de mensajes subliminales capaces de alegrarnos la vida, tal y como sucede con todos los chinos que se van partiendo de risa por ahí. Así que pongan los ojos chinos y empiecen a ver el mundo de manera diferente, empezando por aquí:

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