La gente siempre me dice que yo soy una persona feliz. Y me puse a pensar, y sí, de hecho soy feliz. No me pasan menos cosas “malucas” que a los demás, pero siempre logro sobrepasarlas y ser lo suficientemente feliz. No sé si existe un secreto para ser feliz, pero analizando las razones por las cuales mi espíritu siempre esta contento llegué a la conclusión que las siguientes son las razones que me hacen ser una persona feliz, y las comparto con ustedes, por si a alguno le llegaran a servir:En primer lugar, yo pienso que ser feliz es una decisión que uno toma o no toma. Así que nunca la felicidad depende de otras personas ni de cosas externas a nosotros mismos. Una vez uno decide ser feliz, son muy pocas las cosas que pueden impedir que uno lo logre exitosamente.
Cuando uno alcanza un punto en el cual puede ser feliz sin ayuda externa, es más fácil hacer que otras personas estén felices al lado de uno. Y nada da más alegría en la vida que la felicidad de las personas que queremos o que se encuentran a nuestro alrededor.
La felicidad no se puede ni se debe posponer. Hay personas que esperan conseguir un mejor trabajo para ser felices, o encontrar un novio o novia, o comprarse una casa o un carro, o, o, o, y no se dan cuenta que la vida se les va pasando y las oportunidades no se repiten, así que si uno decide ser feliz, hay que empezar lo más pronto posible, no sea que cuando uno esté listo, la vida no nos dé tiempo extra.
No hay que rodearse de personas negativas, quejumbrosas o amargadas, porque sea que el cuento de las energías resulte ser verdad o no, el impacto sobre el ánimo se siente, cuando uno está rodeado de ellas.
Siempre hay que sacar lo positivo de todas las situaciones que se nos presentan en la vida, como dije antes, ser feliz depende de cada uno. Para usar una frase de closet “si uno llora por haber perdido la luz del sol, las lágrimas no nos dejarán ver el brillo de las estrellas”. Además, yo soy de las que pienso que todas las cosas que nos pasan en la vida, tiene una razón de ser, incluso las cosas malas o las tristes. Pero esas cosas siempre nos dan grandes lecciones, algunos las vemos y las aprovechamos, otros no las ven y su dolor y/o su pena nunca se va.
Por otro lado, si algo nos ocurre y es inevitable, hay dos caminos, o nos derrumbamos y nos echamos a la pena, o nos levantamos más fuertes y aprendemos de nuestros errores, para nunca volverlos a cometer. Es simple “libre albedrío de primero de primaria”
Una cosa que no falla, es tener siempre a la mano algo que nos brinde alegría. Yo por ejemplo recibo todos los días “el chiste del día” en mi e-mail, aún los chistes más bobos me sacan una sonrisa, así, por lo menos, tengo asegurada una sonrisa cada mañana. También cargo chistes en mi Ipod o en el computador, que pongo para que me entretengan cuando estoy baja de ánimo, y siempre funciona. Otra cosa que siempre me sube el ánimo es leer un papel roído que llevo casi siempre dentro de la cartera, que contiene 50 maneras divertidas de pedir una pizza, o la tan popular “carta de un niño a Santa Clauss”, que me arranca caracajadas cada vez que la leo.
Si ya uno es feliz, o se siente feliz, hay que demostralo, y sonreir. Nada abre más puertas que sonreir, y algo que personalmente me apasiona: reir con ganas, a carcajadas que le hagan a uno tenerse la barriga. No es gratis lo que dicen por ahí que 5 minutos de risa equivalen a 45 minutos de yoga.
Otra cosa que es a prueba de todo es siempre tener palabras bonitas para los demás. Encontrar cosas buenas en los demás y decírselas, es fácil si uno se lo propone. Debo confesar que soy humana y no todas las personas me gustan. En ese caso, a esas personas que no me agradan tanto, simplemente prefiero no tratarlas, yo soy de las que pienso que nunca hay que rodearse de personas que no nos gustan. Ni nos hacen bien, ni les hacemos bien.
En nuestro trato diario con otras personas, lo mejor es tratarlas con humor. No ser un payaso indeseable, pero tomarse la vida con gracia, eso siempre contagia a los demás, incluso a los más introvertidos, gruñones o tímidos.
Por último, la regla de oro, si se puede hablar de una regla de oro, es que todo en la vida es una cuestión de actitud, algo así como lo del vaso lleno o el vaso vacío. Honestamente a mí esto del vaso siempre me ha parecido una bobada, porque me aburren esos libros de superación personal, pero hay que reconocer que algo de cierto hay en esa frase. Lo que para unos es un vaso medio vacío, para una persona con mejor actitud es un vaso con muchas posibilidades de ser llenado, o sea, es una simple cuestión de óptica. Siempre que pienso en esto de la actitud, me acuerdo de la historia de un señor que siempre tenía una buena actitud frente a la vida y era conocido por eso. Un día, unos ladrones se entraron a su negocio y le dispararon. Cuando llegó a la clínica, los doctores que no daban ni cinco por su vida, puesto que venía casi desangrado le preguntaron que si era alérgico a algo, y él respondió sonriente con el último aliento, que sí, que era súper alérgico a las balas, e hizo reír a todos los médicos, consiguiendo con una sola frase que lo trataran con más esmero y dedicación, y lucharan con todos los medios para salvarle la vida. La moraleja de todo esto? Tener una buena actitud es tan importante, que hasta nos puede salvar la vida.
En nuestro trato diario con otras personas, lo mejor es tratarlas con humor. No ser un payaso indeseable, pero tomarse la vida con gracia, eso siempre contagia a los demás, incluso a los más introvertidos, gruñones o tímidos.
Por último, la regla de oro, si se puede hablar de una regla de oro, es que todo en la vida es una cuestión de actitud, algo así como lo del vaso lleno o el vaso vacío. Honestamente a mí esto del vaso siempre me ha parecido una bobada, porque me aburren esos libros de superación personal, pero hay que reconocer que algo de cierto hay en esa frase. Lo que para unos es un vaso medio vacío, para una persona con mejor actitud es un vaso con muchas posibilidades de ser llenado, o sea, es una simple cuestión de óptica. Siempre que pienso en esto de la actitud, me acuerdo de la historia de un señor que siempre tenía una buena actitud frente a la vida y era conocido por eso. Un día, unos ladrones se entraron a su negocio y le dispararon. Cuando llegó a la clínica, los doctores que no daban ni cinco por su vida, puesto que venía casi desangrado le preguntaron que si era alérgico a algo, y él respondió sonriente con el último aliento, que sí, que era súper alérgico a las balas, e hizo reír a todos los médicos, consiguiendo con una sola frase que lo trataran con más esmero y dedicación, y lucharan con todos los medios para salvarle la vida. La moraleja de todo esto? Tener una buena actitud es tan importante, que hasta nos puede salvar la vida.


